Hay palabras y acciones tan monstruosamente inhumanas, que resulta imposible darles una clasificación determinada. La Crueldad es una de ellas, y ni la propia psicología nos la ha podido describir. Tenemos que acudir a la propia experiencia humana y a la reflexión, a fin de poder entenderla.

Todos sabemos, que la Crueldad en obras o palabras, siempre la podemos vincular con la ferocidad, lo despiadado, lo sangriento, el ensañamiento, la amoralidad total, y la maldad en su máxima perversión.

La Crueldad no guarda ninguna vinculación necesaria con la cólera y ni si quiera con el resentimiento. Una persona en una circunstancia determinada, puede matar a otro, ya sea por celos o simplemente por un grave enojo surgido de un conflicto que se da de repente entre dos personas y de manera muy circunstancial: dos personas que no se conocen entre sí, en la calle se hacen de palabras, pasan a las manos, y la cólera de uno puede inducirlo a matar.

Muchas personas coléricas gozan de una sólida moral y de un corazón muy noble. Una persona resentida que puede hasta vengarse, su resentimiento, aunque no lo justifiquemos, lo podemos comprender perfectamente: a un padre le violaron a su hija; es muy natural que ese padre no pueda llegar a superar ese resentimiento. El asesinato circunstancial de un colérico, y el disparo de la venganza de una persona ofendida, regularmente no tiene la menor vinculación con la Crueldad.

La Crueldad no ha sido estudiada ni por los más grandes psicólogos. Los únicos que han penetrado en ella son los trágicos griegos como Esquilo y Sófocles, y los más grandes novelistas, como Dostoyevski.

A la Crueldad no la podemos etiquetar como surgida de una emoción o de un agudo sentimiento. Hay personas que matan con toda la saña a otros, simplemente “por encargo”, por un pago determinado, sin sentir, el que mata, el menor odio por el que mató con tortura. Y hay quienes matan o torturan con toda la intención sanguinaria, pudiendo o no, sentir una emoción determinada. Y hay la Crueldad deliberada, la que puede estar revestida, o no, de alguna emoción determinada.

Hay padres que durante años o toda la vida, han estado cometiendo Crueldad con algún hijo. Puede no haberlo tocado, pero con su lenguaje cruel se ha desatado ese padre, con toda la furia. El esposo con su mujer, puede injuriarla de tal modo, que su Crueldad sea realmente perversa. Ha habido hijos, que se han suicidado por no haber podido soportar ya, tanta Crueldad por parte de su padre o madre.

Se da también, una Crueldad pasiva o por omisión. La esposa o el esposo guardan un silencio sepulcral ante el ruego del otro por comunicarse; esto puede darse durante meses o años. O es el hijo al que se le niegan ciertas actitudes o respuestas por parte de uno de sus padres. La indiferencia que daña, el cruel la sabe manejar muy bien. Indiferencia que muestra toda su Crueldad, al negar el afecto o actitud que el Cruel omite porque sabe el dolor que causa.

A través de la historia, la “tortura” ha sido una práctica constante. Los torturadores trabajaban para los reyes, dictadores o gobernantes, para practicar las torturas más dolorosas, con el fin de obtener información o de aterrorizar a los gobernados. Por lo general, los torturadores profesionales, a pesar de su gran Crueldad, no sentían odio ni compasión por sus torturados.

El cruel pude sentir un inmenso gusto por su Crueldad, o no sentir ninguno. Por esta razón, ni el odio ni la cólera son la base de la Crueldad. El fundamento de la Crueldad, es que para el cruel la moral no existe ni puede registrarla en su conciencia.

Hay personas con una alta posición social, profesional o económica, que han estado ejerciendo durante años, una constante Crueldad deliberada, con sus hijos, esposa o pareja. Y es que la Crueldad es como una enfermedad física grave, que puede no manifestarse abruptamente. Puede bastar por parte de ese encumbrado personaje, que diga una sola palaba a su hijo, esposa o pareja, para ejercer sobre ellos una gravísima Crueldad, una sevicia de altísima perversidad. Se puede tratar de una palabra que el cruel sabe que hiere hasta las entrañas al otro, al decirla. Aquí, la Crueldad está asociada al odio o al resentimiento.

Múltiples organizaciones internacionales denuncian permanentemente a gobiernos que practican la tortura. Esta lucha contra la cruelísima tortura de gobiernos, es muy loable. ¿Y quién denuncia la tortura, la Crueldad, en tantos y tantos hogares? La Crueldad psicológica puede llevar al suicidio, pero aunque no desencadene en ello, la Crueldad psicológica va matando el alma del torturado: puede ser un hijo que le cae mal al padre, un hijo con alguna deficiencia física, una esposa o pareja a la que detesta, etc.

La base de la Crueldad es la “amoralidad” y la “perversión”. El cruel puede ser un asesino, pero también puede vestirse con la túnica del sacerdocio, como los sacerdotes pedófilos. Puede vestirse con el ropaje de una madre superiora que odia a alguna monja de su convento. Puede revestir el prestigio de un gran profesionista, pero que con su conducta va ahogando el espíritu de su hijo. Puede darse, en ese hombre rico y famoso, que practica la Crueldad con su esposa o pareja. El cruel está presente en todas las capas sociales sin distinción alguna. Su Crueldad puede ser activa o pasiva, con disfrute o sin ella, pero el puñal de su perversión siempre atraviesa el corazón de otro.

Para Montaigne, creador del Ensayo, “La cobardía es madre de la crueldad”. Creo, que en gran parte tiene razón, pues es raro ver a un valiente comportarse con crueldad. Aun en las guerras, el valiente es noble con el vencido.

Publilio Siro, de la Roma Antigua, afirmó que al hombre cruel las lágrimas le incitan y no lo conmueven. Acertó éste pensador, pues muchas personas crueles padecen de sadismo: un deleite y gozo con el sufrimiento ajeno. Todos los crueles comparten un rasgo en común: son insensibles a la compasión.

¿Cuántos de nosotros no hemos venido practicando una oculta crueldad contra alguno de nuestros hijos, una madre enferma, un padre al que consideramos un inútil, o un cónyuge en el que descargamos nuestro odio?

¡La Crueldad nos envilece! ¡La compasión nos hermana con los buenos!