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Otto Schober
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Otto Schober. Profesor y Licenciado en Educación Primaria; Comentarista radifónico con cápsulas en Núcleo Radio Zócalo; Funcionario de la Secretaría de Educación Pública nivel Primarias en Piedras Negras, Coahuila, Mex.; Historiador de Piedras Negras, Coahuila, México

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09 Febrero 2017 04:00:00
La diócesis de Saltillo -su consolidación-
Continuando con la historia de la Diócesis de Saltillo, el 16 de julio de 1902 el Papa León XIII cambió al que fue su segundo obispo, don José María Portugal y Serratos a la diócesis de Aguascalientes, quedando como administrador apostólico el arzobispo de Linares, que ya tenía su sede en Monterrey, N.L. don Santiago de la Garza Zambrano. En ese momento el número de parroquias había descendido de 29 a 23, con el mismo número de sacerdotes, el Seminario Conciliar tuvo que ser cerrado al no tener aspirantes.

El papa Pío X nombró a Jesús María Echavarría como el tercer obispo, llegó procedente de la Diócesis de Sinaloa, quien recibió el cargo el 12 de febrero de 1905, tomando posesión hasta el 27 de febrero. Como primera medida restauró el Seminario Diocesano, inaugurando la sede el 1 de octubre de ese año con 3 sacerdotes y 14 alumnos. Le correspondió lidiar con el sentimiento antirreligioso de la Revolución Mexicana. La nueva reglamentación de 1918 le redujo el número de ministros de culto: Para Saltillo 12 de cualquier religión, para Torreón 5, para Piedras Negras, Monclova, Parras y San Pedro 3 en cada sitio, para Matamoros 2 y para el resto sólo uno.

Cuando Francisco Villa tomó Saltillo ordenó fueran detenidos todos los sacerdotes de la ciudad, entre ellos los eudistas Luis Lajois y Alberto Lagrée, los jesuitas Ignacio León, Martín Macías, José Kubicza, Francisco Pichardo y Josué Ancira, el benedictinos Juan de Diego, del clero secular Félix Morales, José Robles, Esteban Suárez Francisco Recio, Marcelino Guzmán y Francisco Militello, y pidió un millón de pesos para liberarlos, pero sólo lograron reunir 14,000 pesos en plata y otros bilimbiques y Villa al recibir sentado sobre un petate el dinero exclamó: “Y decían los padrecitos que no tenían…” Antes de abandonar la ciudad los villistas llevaron a los sacerdotes a una casa situada en el Callejón del Turco, ahora Ildefonso Vázquez, donde hicieron un simulacro de ahorcamiento, fueron llevados de uno en uno a otra habitación, en donde les tallaban el cuello con un cabresto hasta que se desmayaban, al caer disparaban al aire, los sacaban arrastrándolos y llamaban a otro sacerdote.

Este simulacro no lo hicieron con todos, al final de la “broma”, el general Rodolfo Fierro amenazó: “Cuidadito con lo que van a decir”. En la Alameda estaba el tren que transportaría a los villistas y en el carro inmediato al cabús estaban los sacerdotes del clero regular, hasta donde acuden los seminaristas para despedirse de sus maestros, Villa sujeto del barandal del cabús les preguntó: ¿“Qué quieren?” y ellos respondieron: “Ya se van, queremos verlos”, Villa les pregunta: “¿Quieren irse con ellos?”, el sacerdote José Ávila respondió: “Somos mexicanos y aquí nos queremos quedar”, Villa finalizó: “¡Lárguense y que no los vuelva a ver!”.

La revolución destruyó obras de la diócesis: El seminario, colegios, escuelas, asilos y en 1914 los seminaristas emigran a Castroville, Texas, para terminar sus estudios. Luego vino la persecución religiosa, aunque en Coahuila no tan enconada como en el resto del país. El gobernador del estado Carlos Garza Castro multó el 12 de mayo de 1924 con 500 pesos al obispo Echevarría por haber violado el artículo 130 de la Constitución, el obispo refutó la acusación por escrito negando los hechos, así como también a pagar la multa por no tener ese dinero, invitando al gobernador a enviarlo a la cárcel el tiempo que se considere necesario. (Tomado de “Diócesis de Saltillo 1891-1991, 100 años”, de P. Rodolfo Escobedo. 1990)

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