A las once de la noche, nos llega un correo amigo, solicitando nuestras oraciones porque secuestraron a sus sobrinos en una colonia residencial !a las cinco de la tarde!
Así vivimos , en una situación extraordinaria, víctimas de la delincuencia más feroz, jamás imaginada.

Ya no se pueden aislar zonas de riesgo: En cualquier barrio, a cualquier hora, ejecutan, asaltan a mano armada, extorsionan, secuestran.

La aprehensión de delincuentes y aún la muerte de ellos a manos de las fuerzas armadas, resultan ser podas: Surgen más y resultan más feroces que los anteriores.

Ni los penales ni los procesos intimidan ya a los criminales. Abundan los resquicios de la ley, los juzgadores corruptos y los abogados astutos que menguan la efectividad del castigo.

La sociedad se defiende de los malhechores con leyes y procesos diseñados para cuidar las garantías individuales de ciudadanos normales, en tiempos ordinarios.

Pero la ola criminal nos obliga a revisar los sustentos de nuestra justicia: Tenemos que revalorar la necesidad de implantar de nuevo la pena de muerte, para el que “cocina” sus víctimas por docenas en tambos. Contra el secuestrador que mutila o mata a sus víctimas.

Para responder a la ofensiva armada de la delincuencia, ya es tiempo de legislar castigos hasta de 25 años para el que cometa un delito estando armado.

Responder con mano de hierro a los criminales sin conciencia.
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