Para estrenar cargo en la Secretaría de Gobernación, Alejandro Poiré Romero –en castellano debiera pronunciarse como se escribe y no alegar raíces francesas que nada debieran decir en las esferas superiores del poder; con Joseph-Marie Córdova Montoya tuvimos suficiente-, quinto personaje que ocupa el cargo tras dos extrañas muertes, cuyas investigaciones están también blindadas por doceavos cuando menos –esto es cuando la generación protagonista haya caducado-, aseveró que será necesario “blindar” los comicios federales por venir considerando que estarán muy activos los grupos delincuenciales. Una perspectiva más bien atemorizante y acaso destinada a dejar en casas al mayor número posible de electores para asegurar sólo el flujo de los incondicionales del continuismo: Cuando el abstencionismo crece, permanecen en el poder quienes ya lo ocupan con muy contadas excepciones –por ejemplo, en Tamaulipas en 2010 tras el asesinato del médico Rodolfo Torre Cantú-.
Blindar, claro, también está relacionado con “búnker”, una de las grandes aportaciones de los cuadros de seguridad nacional que estiman favorable enterrarse, a 14 metros bajo tierra, para desde allí presentar su tecnología de punta sin aportar, radares y equipos sofisticados de por medio, la menor información acerca, por ejemplo, de los paraderos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, aunque sea promesa oficial capturarlo ni de los múltiples sembradíos camuflados de mariguana y amapola. En tales circunstancias lo invertido sirve para maldita la cosa, aun cuando se presuma tener una especie de “banco” de voces para que se aúnen a las huellas digitales y sirvan para identificar a los presuntos secuestradores. ¿Y a los narcos? De ellos no hay registro vocal alguno... a no sea que alguno figure como concursante de la exitosa “Voz México”, proeza de mercadotecnia televisiva.
Pero, ¿qué significa, en concreto, eso de “blindar” las elecciones del próximo año? ¿Colocar soldados en cada casilla o marineros listos a ganar territorio hacia dentro de las costas por la desconfianza presidencial? ¿Atraer a las mafias hacia un agujero del que no puedan salir así se trate de ex presidenciables dolidos? ¿Colocar barreras de protección, como en los aeropuertos, para que no llevemos celulares, ni ningún tipo de metal, a las urnas? ¿O se trata sólo de palabrería barata, infecunda, para impresionar a los ingenuos por la llegada de un nuevo “jefe” de gabinete con bajísimo perfil?
Esperemos, cuando menos, que la cosa sea seria y no como el “blindaje” a la economía que se esfumó, en 2008, apenas los bancos con capitales españoles y estadounidenses le hincaron el diente a nuestro mercado de dólares y lo vaciaron para defenderse en sus respectivas sedes, unos para salvar al euro de la debacle que, de nueva cuenta, se aparece en la perspectiva cercana, y otros para no dejar caer el dólar mientras se reajustaba la economía de la poderosa nación vecina a costa de restringir los presupuestos y cortar, de lleno, los apoyos internacionales a las naciones satélites, como México, cuya deuda pública rebasa los 312 mil millones de dólares... aunque se hayan pagado ochenta mil millones de dólares, entre mayo y octubre, sin brindar la menor información al respecto, es decir a hurtadillas, en plena debacle de la soberanía nacional. ¿Y aún así quieren ganar las elecciones de 2012 quienes apuestan por el continuismo y condenan al pasado... y al futuro también?
Alejandro Poiré es calderonista químicamente puro. Así se hablaba en tiempos de Carlos Salinas con relación a los funcionarios incondicionales, sin criterios propios, incapaces de cualquier negativa a una orden, así sea imprecisa o producto de un exabrupto, del mandatario en funciones. Viene de un CISEN medio muerto, desplazado por la Secretaría de Seguridad Pública en donde, también blindado por los cuatro costados, despacha Genaro García Luna, señor de hazañas tales como el encarcelamiento de Florence Cassez y de los agravios diplomáticos de Francia que fueron efectos de cuanto parece una decisión visceral, sin pruebas suficientes. Además, procesalmente, ante la cauda de imprecisiones y confusiones, ya debía estar libre... como otros pillos adinerados, digamos Carlos Hank Rhon, utilizados para denigrar al priísmo amafiado. Si uno estuvo sólo detenido unos días, Florence, a quien se “sembró”
El gabinete ha ido a la baja, con veinticuatro cambios en cinco años, la más alta cuota de rectificaciones ministeriales de todos los tiempos, cuando crece el tufo de la corrupción y aparece el espectro de las campañas negras según la “ortodoxia” del “mexicano” Antonio Solá que no deja de sesear para mostrar su origen a pesar de las decisiones discrecionales del mandatario Calderón.
Con este horizonte, ¿nos atreveremos a llegar a las casillas?¿O dejaremos que los mafiosos –no sólo los capos sino también los políticos indecentes- hagan de las suyas... otra vez? Tal es la cuestión de fondo que, por supuesto, deberemos resolver, cada uno en su interior, antes del 1 de julio de 2012.
Debate
Sólo menciono la posibilidad de regular el uso del Twiter y de las llamadas “redes sociales” para que no se conviertan en armas infalibles para la exultación del terrorismo cibernético, de alto riesgo de cara a la jornada electoral que de hecho ya inició, recibo un alud de quejas, descalificaciones y hasta amenazas porque, según dicen, pretendo restringir la libertad de los “navegantes” electrónicos, felices dentro del anonimato.
Les he dicho, una y otra vez, que este periodista ha defendido, toda su vida, la libre expresión, sustento fundamental para ejercer la crítica como contrapeso a los abusos del poder. Pero, aún así, si en esta columna me atreviese a convocar a una rebelión o diera cuenta de rumores sobre helicópteros desde los cuales se ametrallan escuelas y centros sociales, incurriría en una conducta ilícita tipificada por el Código Penal. Y no tendría otro destino que las rejas. Entonces, ¿lo que debe preservarse es el derecho supremo al anonimato y al uso de un instrumento moderno que puede alterar la vida de la sociedad a golpes de rumores? Por aquí debiéramos empezar la discusión para que, de ninguna manera, se restringieran derechos individuales sino, más bien, se protegieran los de la sociedad en su conjunto. Éste es el quid de la cuestión.
Deben tomarse las cosas como son. Y, desde luego, el mundo cibernético no es una autonomía ajena al estado de derecho, base fundamental en donde se asienta, siempre, la convivencia pacífica entre seres humanos con ideologías distintas aunque unidos por cuanto se refiere al imperio de la ley y la defensa de nuestra soberanía. Cual debe ser para asegurar la paz, el mayor de los bienes de la humanidad junto a la libertad. No caigamos, pues, en discusiones pueriles y actuemos a tiempo antes de que los comicios sean pretexto para alimentar las redes sociales con falacias y argumentos que enciendan el terror de los votantes y con ello, otra vez –la primera fue en 1994-, pueda modificarse, violentamente, el perfil histórico de México.
La Anécdota
Mientras escribo, mis cuentas siguen hackeadas por los pelafustanes cibernéticos expertos en espionaje y piratería. ¿De dónde pueden provenir los ataques sino de quienes cuentan con tecnología de punta para intentar detener y silenciar a los críticos? Pues bien, no puedo usar ya mi Facebook ni el Skype –útil herramienta para vídeo conferencias-, ni algunas de mis cuentas. Como si estuviera aislado de los espacios que el mundo moderno ha hecho prioritarios.
Desde luego, hace unos días, el 21 de noviembre para ser exactos, acudí –por tercera vez- ante la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos Contra la Libertad de Expresión, para dar seguimiento a las consecuencias de haber publicado “Nuestro Inframundo” en una falsa democracia. Recogieron, de nueva cuenta, mi testimonio y estoy a la espera de resultados. Espero que no me haga anciano esperando.
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