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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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28 Marzo 2018 04:07:00
La falsa panacea (I)
El horario de verano no es como el Gobierno lo pinta. El ahorro en electricidad y dinero es mínimo y los perjuicios y trastornos cada vez son mayores. El primer experimento para aplicarlo en Coahuila, Durango, Nuevo León y Tamaulipas fue un rotundo fracaso, al grado de que el gobernador Eliseo Mendoza lo derogó en 1989. Sin embargo, 22 años después se implantó en la mayoría de los estados para sincronizar al país con Estados Unidos. Édgar London publica en el bisemanario Espacio 4, un texto sobre los antecedentes y efectos de adelantar el reloj una hora del primer domingo de abril al último día de octubre, que resumiré en tres partes.

»De nueva cuenta se impone el horario de verano y cada vez son más las voces que se levantan en contra de una medida que México arrastra desde el año 1996 y cuya implementación, a escala mundial, responde a circunstancias arcaicas, con más de un siglo de antigüedad. No se trata solamente de la hora que ganamos o perdemos cuando movemos las manecillas del reloj, ya sea para recobrar el horario normal –o de invierno, como también le llaman– en el primer caso o de adaptarnos al horario de verano en el segundo.

»Las consecuencias del cambio de horario van mucho más allá de la primera noche de sueño malogrado, al momento en que imponemos un uso que no es el habitual y que nos obliga a caminar medio zombie durante buena parte de ese primer lunes aciago cuando amanecemos en una oscuridad terrible y el día no parece tener fin.

La discordancia temporal que se presenta, de un día para otro –literalmente– con algunas naciones, afecta de manera directa buen número de negocios. (…)

»Estudios desarrollados por especialistas (…) revelan que afecta la salud humana, se reduce alrededor de 40 minutos de descanso nocturno, el rendimiento académico de los estudiantes decae, los accidentes viales se disparan e, incluso, en Estados Unidos y Suecia, análisis médicos han demostrado que el número de infartos aumenta considerablemente en comparación con las cifras que se registran en el huso horario estándar. Pero lo más importante, el ahorro de energía, pilar y justificación cimera de la puesta en marcha del horario de verano, se mantiene en entredicho. La manera en que se calculan los supuestos ahorros no convence a los especialistas y, en el caso de México, los resultados obtenidos durante los dos últimos años, dejan clara evidencia de que la mayoría de los indicadores van a la baja.

»Fue Benjamin Franklin, en 1784, cuando cumplía funciones de embajador de Estados Unidos en Francia, quien llamó la atención sobre establecer medidas para un incipiente ahorro energético. (…) fue Alemania el primer país que adoptó un horario especial en abril de 1916. Le llamó Sommerzeit (horario de verano) y su propósito era ahorrar carbón en tiempos bélicos. (…) Sin embargo, con el regreso de la paz, los relojes también regresaron a la normalidad (…) hasta que apareció la segunda conflagración mundial y, de nueva cuenta, las naciones involucradas asumieron el horario de verano, para desecharlo otra vez apenas terminó el conflicto.

»Hubo que esperar hasta 1966 para que el horario de verano se implantara en tiempos de paz. En esta ocasión fue en Estados Unidos y la estrategia vino justificada por las frecuentes crisis energéticas, como la del petróleo de los años 70, que asolaron a la poderosa nación del norte. México todavía esperó 30 años más para ponerlo en práctica. Fue en 1996 y su objetivo estaba bien definido: reducir el consumo de energía eléctrica utilizada principalmente en iluminación, al aprovechar una hora extra de luz natural cada día».


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