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Vicente Bello
Vicente Bello
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11 Octubre 2016 04:00:00
La farsa de debate en México
Apenas fue la última esquina; el párrafo final. El refilón de un discurso farragoso, pesado, empapado de anestesia. Arely Gómez González finalmente se topó con ellos, pero ni siquiera los mencionó: Nunca dijo el Caso de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa desaparecidos o muertos o… como quiera nombrarlos la Procuraduría General de la República.

Así los abordó: “La investigación continúa abierta”.

Y añadía, rauda, sobre la superficie, Arely Gómez González: “Seguimos concentrando todos nuestros esfuerzos para esclarecer los sucesos ocurridos el 26 y 27 de septiembre de 2014. Es una deuda con los padres de las víctimas y con la sociedad”.

¿Qué tanto se afrenta este gobierno con lo que sucedió en Iguala, que manda el Presidente a su procuradora al Senado para responder sobre la glosa del cuarto informe presidencial, y no menciona para nada al caso de los 43 desaparecidos.

El caso más grave que ha tenido este gobierno y por el cual el mundo lo tiene en el borde de los cantiles de un Estado terrorista? ¿Un Estado que utiliza a sus fuerzas de seguridad para infundir terror, pánico, a la población, para que la población no mire, no piense, no analice; solo reaccione aterido por el pánico glacial y termine votando por sus verdugos?  

Arely Gómez, voz queda, parsimoniosa, de susurro casi, añadió: “Tengan la certeza de que consideramos todas las líneas de investigación y que hemos escuchado a todas las voces, en especial a las víctimas y a los organismos internacionales. Asimismo las observaciones emitidas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos fueron aceptadas y se han estado atendiendo en coordinación con esta institución”.

El acento que debía haber puesto Arely Gómez lo terminó poniendo Angélica de la Peña, senadora perredista, cuando dijo: “A esa desconfianza, insatisfacción tradicional en las instituciones de procuración de justicia, debimos añadir que fue además una situación crítica que usted tomó prácticamente como una papa caliente cuando llega a la PGR, justamente el problema derivado de lo que aconteció en la noche-madrugada del 26-27 de septiembre de hace dos años: El caso de Ayotzinapa, Iguala, Cocula, Huejotzingo”.

Y el apostille de la senadora, que caía como mazo sobre la posición del gobierno, hundiéndole todavía más la rancia argumentación de la procuradora.

De la Peña: “Esto significó ni más ni menos que la punta, la gota que derrama el vaso frente a una situación terrible de desaparición forzada, aquella que es perpetrada por agentes del estado”.

Entonces insistió De la Peña a la procuradora: “Termine ya de sepultar la verdad histórica de Murillo Karam, que nadie la cree”.

Y remachaba: “Porque sentimos que es justamente el artífice de lo que hemos señalado el gran error de la Procuraduría General de la República al querer tergiversar lo que aconteció, insisto, en Ayotzinapa y contra los 43 estudiantes, y no contribuir como debió haber sido a saber la verdad y, por lo tanto, tener justicia”.

Y la pregunta final: “En ese aspecto, es importante que usted nos pueda decir qué ha pasado con los acuerdos del GIEI”.

Antítesis de todo debate parlamentario siempre han sido estas comparecencias, del actual gobierno y de los otros, de cuando menos los últimos tres sexenios. En paralelo a la presentación de Arely Gómez en el Senado para responder sobre el cuarto informe presidencial, en los territorios del Congreso, en las dos Cámaras, estupefactos los diputados y senadores enfrentaban preguntas de rigor, preguntas que pedían sus opiniones sobre la manera tan directa, tan abierta, tan contundentemente clara como se debate en los Estados Unidos de América.
Debates donde precisamente el o los moderadores ponen el dedo donde está la llaga: En tanto a Hillary Clinton le preguntaron sobre el desmadre de los 35 mil correos electrónicos personales que borró, recibidos durante su periodo de secretaria de Estado en la primera presidencia de cuatro años de Obama, a Donald Trump le preguntaron, sin ambages, sobre lo que dijo de las mujeres hace diez años, en una conversación cuyo audio y video acaba de publicarle el Washington Post.

Y a tragar aceite los dos.

En la Cámara de Diputados, adonde se apersonó ayer Lorenzo Córdova, consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), para participar en la presentación de una revista, dijo cuando un reportero le preguntó si había visto el debate Trump-Clinton y si podía decir quién, desde su óptica, había ganado:
“Lo decidirán los norteamericanos”, respondió, escueto hasta las cachas.

--¿Nos hace falta un debate igual aquí en México, un formato? –terció una reportera.

Y Lorenzo respondió: “Creo que tendrían que liberalizarse, avanzar hacia una liberalización, en términos de los formatos, los debates en nuestro país”.

Y sanseacabó. No dijo más.

Ahí mismo, en San Lázaro, al presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, el perredista Francisco Martínez Neri,  un reportero le preguntó: “¿Cree usted que sea una buena noticia para México los 11 puntos de ventaja de Clinton sobre Trump, después del debate de anoche?
Y Martínez Neri respondió: “Por lo menos no es lo mala que podría ser de llegar a ocupar el cargo de presidente el señor Trump. Creo que por lo menos nos da la posibilidad de mantener mejores relaciones con alguien con quien se puede dialogar, cosa que sería muy difícil si el señor Donald Trump tuviese la posibilidad de ganar”.

--¿Qué le pareció el formato del debate? ¿Cree posible que se diera así en México?
“El debate no ofreció mayores cosas de interés. Nada especial que pudiera importarnos a nosotros”…

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