Por: Enrique Martínez y Morales
Presidente del Colegio de Economistas de Coahuila A.C.
.(JavaScript must be enabled to view this email address) / Twitter: @enriquemym


“Al final, sólo queda la frialdad de los números”. Profunda y elocuente frase, acuñada por Pedro “El Mago” Septién, quien se ha convertido en toda una leyenda en la crónica del “Rey de los Deportes” narrando, más de 40 serias mundiales.

Los agentes económicos, y los mercados en general, esperan con ansia la publicación de las cifras macroeconómicas de cada año, las que se dan a conocer durante el primer trimestre posterior al cierre del ejercicio.

Recientemente el INEGI dio a conocer su veredicto en torno a la inflación 2011: 3.82% se nos dijo. Significa que durante 2011, y con respecto al año inmediato anterior, los precios de bienes y servicios que se necesitan para satisfacer sus necesidades básicas se incrementaron en ese porcentaje.

¿Mucho, poco? Banco de México puede decir que, aunque de panzazo, pasó la prueba, ya que su objetivo inflacionario, fijado por su propia ley, se encuentra dentro de un rango de entre 2 y 4%. Si embargo, el ama de casa sabe que el precio del frijol, el arroz y la tortilla no subió en esa proporción.

El Índice Nacional de Precios al Consumidor es un promedio ponderado del precio de una canasta básica compuesta por 283 genéricos, que se determina a través de una encuesta a hogares en 46 ciudades, dentro de las cuales, dicho sea de paso, no se encuentra la capital de nuestro estado.

Dentro de los productos y servicios de la canasta se encuentran algunos, en mi opinión, no tan básicos: bebidas alcohólicas, tarifas de hotel y boletos de cine, entre otros. Bienes que diluyen el efecto inflacionario, cuando menos en el número gélido, de los realmente básicos, de tal forma que para un jornalero la inflación no fue de 3.82%, sino de mucho más.

Otro número esperado con impaciencia es el crecimiento del Producto Interno Bruto: cercano al 4% para 2011, dicen en Hacienda. El PIB es la suma de todos los bienes y servicios producidos en la economía durante el año; su crecimiento, el diferencial entre un año y otro. Compleja la fórmula de su cálculo, pero lo podemos resumir como el agregado del consumo, la inversión, el gasto de gobierno y las exportaciones netas.

Desgraciadamente nada nos dice este dato sobre la distribución del ingreso, ni si el crecimiento del consumo es en bienes deseables o en cerveza, o sobre la efectividad de los programas.

Como vemos, los números no hablan por sí solos. Una interpretación adecuada requiere de un análisis más profundo, con una visión mucho más amplia, donde lo parcial invariablemente nos hará caer en errores.

Sin duda los números son importantes, porque indican tendencias y son considerados por los actores económicos para tomar decisiones, pero no debemos olvidar que detrás de ellos hay mexicanos que aspiran a un futuro mejor.


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