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Vicente Bello
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18 Noviembre 2016 04:00:00
La hipocresía del Senado en el caso de la Medalla Belisario Domínguez
El Senado de la República, el pasado martes, con la aprobación de un Punto de Acuerdo confirió la Medalla de Honor Belisario Domínguez correspondiente al año 2016 al ciudadano guerrerense Gonzalo Miguel Rivas Cámara, post mórtem. Y la decisión se sustentó en la argumentación siguiente:
Uno. Como un justo reconocimiento del Estado mexicano por conducto del Senado de la República a su heroísmo, responsabilidad y solidaridad, en grado eminente, para sacrificar su vida y salvar la de otros, valores equiparables a los del Senador chiapaneco Belisario Domínguez.

Y dos. La entrega de la Medalla Belisario Domínguez al señor Gonzalo Rivas representa también un digno reconocimiento a todos los ciudadanos mexicanos y héroes anónimos que, como él, construyen día con día la grandeza de
nuestra patria.

Se acordó entonces que la Medalla de marras se le entregará a la esposa de Gonzalo, a quien ese día, en la tribuna del Senado, fue equiparado con Jesús García Corona, el trabajador de trenes que a principios del siglo XX desvió en Sonora un ferrocarril cargado con explosivos y a quien se le ha conocido como el Héroe de Nacozari.

Quien argumentó en  favor de Gonzalo Rivas fue el senador perredista Roberto Albores Gleason: “En los campos, en las calles, en las plazas y los caminos transitan silenciosamente millones de héroes, en su momento Belisario Domínguez fue uno de ellos, recibiendo a angustiadas madres con sus hijos enfermos que nada tenían que pagar, pero que el médico solidario atendía y curaba”.

El senador ejemplificó con “héroes y heroínas que ofrecen comida y consuelo a los migrantes, los que salvan a sus semejantes de las llamas, los que comparten sus conocimientos para dar futuro a los infantes”.

Y fue él quien evocó la tragedia que acaeció en 1907, cuando el maquinista Jesús García Corona salvó al pueblo de Nacozari, Sonora, de la embestida de un tren cargado con explosivos”.

Y apostillaba el senador: “De esa altura es la acción de Gonzalo Rivas Cámara, el trabajador de una gasolinera en Chilpancingo, Guerrero, quien responsable y humanamente solidario impidió que el 12 de diciembre de 2011 las llamas producidas por el incendio de una bomba se extendieran a los depósitos de combustibles, cuya explosión hubiera significado cientos de muertos y heridos.

“Gonzalo cerró las válvulas de seguridad, tomó un extinguidor y se dirigió a
apagar el fuego; pero quedó bañado en gasolina ardiendo. Agonizó durante veinte días. Rivas Cámara, ingeniero en sistemas, originario de Veracruz, falleció a los 48 años el 1 de enero de 2012 a causa de las quemaduras”.

Pero la entrega de esta Medalla está transminada por la controversia, porque hay un sector de la oposición que juzga que quienes la entregarán no es porque realmente quieran abonar los valores cívicos, y al heroísmo de un ciudadano de a pie, sino porque pretenderían dar un golpe político al movimiento que se gestó en torno de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, a quienes, en cambio, las voces del gobierno nunca han reconocido ni admirado ni respetado.
O sea, que esto no sería más que un mero acto de hipocresía del Senado de la República.

El senador Miguel Barbosa Huerta, del PRD, acotó: “El mismo día de los hechos cuando sacrificó su vida el galardonado, fallecieron dos estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa”.

Y restregaba Barbosa otra vez: “Y después de los hechos ocurridos en diciembre del 2011, la conflictiva ha seguido los lamentables y diabólicos hechos del 26 de septiembre de 2014, cuando esa misma noche mueren seis estudiantes de Ayotzinapa y desaparecen 43 estudiantes. Son todos ellos junto con policías, junto con integrantes de fuerzas armadas, víctimas de esta situación, hechos que, por cierto, no ha podido esclarecer la autoridad”.

El resto de oradores se derretían en loas al galardonado. Pero una oradora, Layda Sansores San Román, no. Y dijo: “El problema de fondo es que esta medalla es parte del botín que se reparten entre las cúpulas del PRI-AN, y también del PRD”.

Y apostilló Layda: “Este año se usa como arma política.  Al joven no se le premia, se le usa para justificar la represión y pretender dejar impune un crimen de Estado. No se puede desvincular la actuación del joven sin condenar el terrorismo oficial, sin condenar la brutal represión del Estado que persiguió a los jóvenes normalistas, los cazó como animales, y los mató por la espalda, en el mismo lugar, en un escenario confuso. Es un acto de perversión tratar de separar una cosa de otra”.

Y remachaba la senadora de invicta argumentación: “Tenemos héroe, porque tenemos un gobierno criminal, que después asesinó a otros seis estudiantes, y mantiene desaparecidos a 43; jamás en este Senado se ha escuchado la voz del PRI-AN y del Verde para pedir justicia por ellos.

Héroes también los jóvenes que quedaron al lado de sus hermanos heridos y ahora están desaparecidos, y los Omares que trataron de salvar la vida de sus compañeros, sin rendirse ante la oscuridad, el miedo a la muerte, la negativa de dejar en el hospital, de recibirlos por orden de militares.

Héroes los padres que no claudican y no se dejan seducir por el gobierno. Héroes los muertos y heridos de Nochixtlán quienes salieron a enfrentar las balas con palos y piedras cuando sintieron que su pueblo era invadido por policías federales, la gendarmería y la policía de élite”.

Y al final decía Layda: Medalla para un maldito gobierno, del que el Senado es cómplice”.

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