¿Son significativas estas obras para la población que ve transcurrir su experiencia vital en esos espacios?
Tesis
En días pasados viví uno de los momentos más significativos en mi vida académica: ser sinodal, junto a los maestros Jaime Torres Mendoza y Alejandro Cerecero, en la presentación de la primera tesis de licenciatura dedicada a las artes plásticas en la ciudad de Saltillo. Se trató del estupendo proyecto de la escultora Anabel Fuentes González: “Escultura Pública en Saltillo Coahuila. Análisis”. La exhaustiva investigación de esta artista partió de la inquietud de plantear sugerencias a la instancias encargadas de sembrar de pétreos personajes la faz de la ciudad, encontrándse ante un contundente abismo: hasta la fecha de hoy no existía un registro cabal y exhaustivo de las piezas escultóricas plantadas a lo largo y ancho de nuestra capital.
Motivos
En ese y otros sentidos el trabajo de Anabel resultó en una aportación inédita. Sentar las bases para un registro preciso de la naturaleza, orígenes,
motivaciones y discursos detrás de las piezas erigidas en nuestro espacio público. Y cómo lo mencionó el maestro Jaime Torres, aunque Anabel no analiza el componente político en la selección de personajes, la clasificación por sí sola da cuenta de estos motivos. Es tan evidente la tendencia que sería redundante un comentario. Anabel Fuentes González establece un marco de diferenciación para su registro. Se tomó en cuenta sólo las esculturas públicas que presentan figuras completas. El total de éstas suma 53. El 62% cumple una función conmemorativa, y el 38% restante, las considera como ornamentales.
Fuga y misterio
Aquí es donde llegamos al punto de los claroscuros. Nuestra ciudad cuenta con un acervo escultórico lleno de matices: desde la obra en honor a Manuel Acuña, situada en la plaza del mismo nombre -una pieza sobre la que se han inventado demasiados mitos-, hecha por el escultor hidrocálido Jesús Fructuoso Contreras, autor también de la pieza ecuestre dedicada a Ignacio Zaragoza, en la Alameda de Saltillo, y el maravilloso mármol titulado “Malgré Tout (A pesar de todo)”, en la Alameda Central de la Ciudad de México, justo a un lado del Palacio de Bellas Artes. Sobre este escultor decimonónico que legó su arte en poco más de 20 piezas, situadas casi todas en el Paseo de la Reforma capitalino, se sabe poco, el dato que se tiene a ciencia cierta, es que al momento de esculpir la pieza donde un ángel guía al malogrado poeta saltillense, el escultor había sido ya amputado de su brazo derecho.
Discursos
Al glorioso nombre de Fructuoso Contreras, muerto a los 36 años, le siguieron en la factura de las piezas escultóricas de nuestra ciudad nombres como el de Cuauhtémoc Zamudio, César Ledesma Bonilla –autor de “El Indio”, que se encontraba en la salida a México-, y autores más recientes como Juan Antonio Lugo y Alejandro Fuentes Gil.
Y aquí llegamos a las preguntas:
¿Qué hace la figura de un ex gobernador -Óscar Flores Tapia- a la entrada del Teatro Fernando Soler? ¿Era historiador? Eso dicen. ¿Fue nuestro más grande dramaturgo? Definitivamente no.
Mientras, Julio Torri, el más grande escritor que han dado estas tierras, permanece bajo la penumbra arbórea, en la figura de un olvidado y modesto busto de no más de un metro, detrás del flamante Palacio del Congreso Municipal.
¿Por qué la estatua ecuestre del revolucionario Francisco Coss está sobre un embudo de metal?
¿Qué conmemora una nueva estatua de cinco metros dedicada al mismo ex gobernador -Óscar Flores Tapia- en el libramiento del mismo nombre?
¿Dónde el homenaje a nuestro Diógenes urbano, Adrián Rodríguez?
¿Quiénes son los “enanitos” del Paseo de la Reforma?
¿Dónde el recuerdo al compositor saltillense Felipe Valdés Leal, responsable junto a José Alfredo Jiménez, Tomás Méndez y Cuco Sánchez, del cancionero popular mexicano?
Indudablemente, el discurso vertido a través de las piezas escultóricas en la ciudad de Saltillo ha sido de un componente eminentemente político. Formas de pensamiento que buscan perpetuarse, ajenas, como siempre, a las necesidades, los intereses y la vida colectivos.
Bardo de las bardas “La escultura no consiste en el simple labrado de la forma de una cosa, sino el labrado de su efecto”. John Ruskin
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