La noticia sobre la Encuesta Nacional de la Juventud 2010, que dice reflejar la realidad en que viven 36.2 millones de jóvenes mexicanos de entre 12 y 29 años de edad, nos informa, entre una gran cantidad de datos, que 28% de los jóvenes en el país tienen acceso a Internet desde su hogar, aunque en el otro apartado dice que son siete de cada 10 los que tienen acceso a la red de redes, utilizándola para accesar a las redes sociales (léase Messenger, Twitter, Facebook y muchas más), para chatear y para recibir información (y presentar sus tareas escolares de manera horrenda, la mayor parte de las veces). Pero también para investigar sobre la sexualidad.
Los jóvenes en México, nos dice la Encuesta, inician temprano su vida sexual: seis de cada 10 jóvenes han tenido por lo menos una vez relaciones sexuales. Seguramente que muchos de esos jóvenes obtuvieron sus primeros conocimientos sobre la sexualidad en Internet, pero no creo que hayan visitado páginas serias, como la del Instituto Mexicano de Sexología. Lo más probable es que la información haya salido de lugares de pornografía, que abundan y no se ven sometidas a ningún tipo de control. Y si usted no les permite verlas en casa, siempre estarán los cibercafés que les permiten entrar sin ninguna restricción.
¿Por qué los jóvenes buscan y encuentran ese tipo de páginas? Porque necesitan información sexual más ágil, viva y amplia de la que les proporcionan tanto los libros de texto como los maestros que los atienden. Y entonces buscan satisfacer su curiosidad indagando en el mejor lugar para encontrar respuestas: Internet.
No es que yo crea que esté bien que los niños naveguen por el bajo mundo del Internet pornográfico, en donde no solamente van a encontrar porno suave, que consiste en fotos de mujeres y hombres desnudos o semidesnudos, solos o acompañados, mostrando su cuerpo sin ningún pudor, conscientes de su belleza física, sino del porno duro, que muestra mil formas de utilizar el cuerpo para dar y darse placer, que les producen traumas que los dejan marcados para toda la vida, impidiéndoles estar sexualmente satisfechos cuando sean adultos.
Todo porque no atendimos debidamente la curiosidad más profunda, más dinámica que se tiene en la infancia: la estructura de la sexualidad. Si padres y maestros les educamos en el conocimiento de su sexualidad, si ellos satisfacen sus inquietudes de una manera planeada y sistemática, no importa si luego entran a las páginas pornográficas: no les provocará ya algún trastorno, porque sabrán manejar su excitación, controlándola, deteniéndola o sublimándola.
La otra nota nos dice que en Veracruz quedó tipificado como un delito que en los cibercafés los menores de edad puedan tener acceso a páginas pornográficas, por lo que se castigará con seis meses a 5 años de prisión y multa de hasta 200 días de salario, aprobando el pleno del Congreso del Estado la reforma al artículo 290 del Código Penal para sancionar a quienes permitan que los menores de 18 años de edad consulten pornografía a través de internet, en centros de renta pública. Ésta me parece una iniciativa que todos los estados de la República deberían legislar.
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