Ya se acabó esa fiesta de los medios en la cual los protagonistas: Kalimba, Daiana, el procurador de justicia de Quintana Roo y el juez de la causa, Daniel Farah, cada uno y a su manera, salieron perdedores.

Kalimba tendrá que superar las acusaciones y al situarse en medio de la tormenta, quedará marcado por un tiempo largo por la sombra de la duda, por los chistes y los chismes, porque su fama actual está basada en su actuar privado y no en su música, y su expediente, que quedó abierto, lo perseguirá durante mucho tiempo. Llenará por un tiempo las salas de conciertos, no por su voz sino por el morbo.

Daiana quedó señalada como victimaria del cantante, no ya como la víctima de otros, y su fama le pone la etiqueta de ligera, de acosadora. Su vida íntima se ventiló ante todo el país y sus desgracias personales, su familia desintegrada y su deseo de notoriedad la marcaron como arribista y desequilibrada, siendo tan solo una jovencita frágil e influenciable. Su familia, sobre todo su madre, quiere seguir adelante con las acusaciones, porque ella no se siente satisfecha con la resolución judicial y como venganza acudió a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, por considerar que el escándalo público no había sido suficiente y la opinión del juez había sido sesgada.

A pesar del apoyo que el gobernador del estado le dio al procurador de Justicia de Quintana Roo, éste no pudo evitar ser señalado como ineficiente, buscador de fama nacional y poco ético. Y es que parece que lo buscaba a consciencia. En otra de las desafortunadas declaraciones del procurador, dijo que: “No se configura el delito de estupro; Kalimba fue engañado. Él no sabía que se trataba de menores de edad”. Incluso ya se habla de la necesidad de su destitución y la posibilidad de llevarlo a un juicio político por parte de los diputados, porque violentó la secrecía de la investigación y puso en riesgo la integridad física de la agraviada

Sobre el juez Farah cayó la duda de corrupción, de deshonestidad y de ligereza en su juicio. Aunque fueron las inconsistencias en las manifestaciones de los testigos lo que hizo que las pruebas aportadas por la Procuraduría se nulificaran en la reconstrucción de hechos, el juez creyó que era materialmente imposible que Kalimba hubiera realizado un acto de esa naturaleza y se convenció de que nada de lo dicho por la parte acusadora era verdad.

Pero la Verdad fue la gran perdedora, porque entre tanta declaración mediática, entre tantas entrevistas tendenciosas y manifestaciones públicas, finalmente todo se confundió y la Verdad pasó, no a segundo término, sino al último, al rincón de las cosas inútiles e inservibles. Seguramente nunca sabremos qué aconteció en realidad, cómo fue el evento.

Y la imagen pública que se logró proyectar sobre los hechos fue confusa: el estupro no se castiga; la violación es difícil, si no imposible de probar; las redes de prostitución no se persiguen; los antros pueden tener edecanes menores de edad sin problemas; las jóvenes que se arriesguen a denunciar podrán ser exhibidas sin dificultad; el juicio de las multitudes se tomará más en cuenta que los hechos reales y las entrevistas hechas por los medios masivos de comunicación podrán tener más credibilidad que los mecanismos jurídicos. Se pasaron por alto los tratados internacionales en materia de protección de datos de las menores involucradas en procesos legales, como si nuestro país no hubiera sido firmante de ellos.

En esta fiesta todos perdimos, aunque seguramente todos aprovechamos esa diversión profundamente sádica de ver llover la desgracia ajena sin mojarnos y por la posibilidad de olvidarnos, aunque sea por un momento, de los verdaderos problemas nacionales que se hacen cada día más graves. Nunca como hoy se vio tan claro que creemos que el pueblo se conforma con pan y circo.
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