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Juan Latapí
Juan Latapí
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19 Marzo 2017 03:10:00
La lenta muerte del Seguro Social
NO PASA NI UNA SEMANA sin que aparezca publicada en los periódicos alguna denuncia en contra del Seguro Social de Monclova. Ya sea por negligencia, imprudencia o displicencia, las quejas no dejan de aparecer.

SIN IR MÁS LEJOS, HACE unas semanas una persona llegó al Seguro tras sufrir un infarto, no fue atendida y falleció porque el médico estaba terminando su café. Días después un joven falleció, también por falta de la atención debida, por un problema gástrico ocasionado previamente por una mala medicación por parte del doctor. Esta semana una viuda reclamaba una indemnización por el deceso de su marido a quien durante una operación el médico confundió la vesícula con el intestino.

TODOS SABEMOS QUE CUANDO SE tiene el infortunio de llegar a Urgencias es como si de pronto estuviéramos en un hospital de Siria o de alguna zona de guerra, con heridos y pacientes convaleciendo y quejándose, a veces hasta en el suelo, en condiciones desagradables, esperando la presencia de quien los atienda. Pero también sabemos que algunos médicos le dan prioridad a sus consultorios privados en vez de atender a sus pacientes del Seguro; los pacientes ya no somos sujetos sino objetos, un número más de una lista interminable.

TODOS SABEMOS QUE LAS INSTALACIONES del Seguro se han ido deteriorando en forma degradante, desde la falta de equipo médico o que no sirve hasta el clima que no funciona en verano; desde la limpieza deficiente y la falta de higiene hasta fallas en el suministro de agua; también todos sabemos de la escasez endémica de medicamentos y material médico. Pero también sabemos que medicinas y material de limpieza son sustraídos por algunos empleados.

TODOS SABEMOS QUE TENER QUE ir a consultar es resignarse a pasar horas y horas esperando, a merced del humor de los empleados y a la incertidumbre si la atención médica será la apropiada; todos sabemos que acudir al Seguro para realizar algún trámite administrativo es como jugar serpientes y escaleras con dados cargados. Pero también sabemos de la gran cantidad de vendedores que pululan ofreciendo diversos servicios y productos a médicos y empleados, desde préstamos monetarios hasta la vendimia de todo tipo de alimentos, películas, lociones, calzado, boletos de rifas y ropa, entre otros muchos artículos.

TODOS SABEMOS DE LA ABISMAL diferencia que existe entre el servicio e instalaciones del Seguro en Monclova y el que hay en las clínicas de otras ciudades, que suelen ser de primer nivel en todo sentido.

TODOS SABEMOS DE LA GRAN cantidad de pensionados, todos adultos mayores, que perciben ridículas pensiones que les imposibilita vivir dignamente, condenados injustamente a vivir con limitaciones; también sabemos que quienes se ostentan como líderes de estos pensionados no padecen estas injusticias. Pero también sabemos que cualquiera puede comprar una pensión sin cumplir con los requisitos. Todos conocemos –principalmente a empleados de cierto nivel de empresas importantes- que cada mes cobran su pensión y que, a diferencia de las raquíticas pensiones de los ex obreros, éstas son de decenas de miles de pesos. Todos sabemos y conocemos coyotes que se dedican a esos trámites.

TODOS SABEMOS QUE QUIENES PERCIBEN estas altas pensiones del Seguro no van a consultar al Seguro, sino a hospitales privados. Sabemos también que muchas empresas no pagan las cuotas del Seguro de sus trabajadores o que los registran con el salario mínimo afectando su futura pensión. Sabemos también que estos patrones rara vez tienen asegurado a su personal doméstico.

TAMBIÉN TODOS SABEMOS DEL TRÁFICO de plazas en el Seguro donde se le da preferencia a la parentela de los mismos empleados para que ocupen un puesto sin reunir los requisitos, sintiéndose intocables y descuidando sus obligaciones.

EN HONOR A LA VERDAD hay que decir que afortunadamente aún quedan -aunque muy pocos- médicos y empleados de buen nivel, con espíritu de servicio y que cumplen cabalmente con sus obligaciones en vez de andar grillando sus derechos. Desafortunadamente son la excepción que confirma la regla.

SÍ, EFECTIVAMENTE, TODOS SABEMOS ESTO y más. Nos quejamos, nos resignamos y hablamos pestes, pero se nos olvida que lo que pasa en el Seguro sucede en muchos lados, que es un reflejo de la sociedad en que vivimos, donde se privilegian los intereses individuales por encima del bienestar común. Se nos olvida que este sistema está llegando al límite, pero peor aún, se nos olvida que debemos salir de nuestra zona de confort para que todo esto no reviente.

MIENTRAS TANTO SEGUIREMOS TROPEZÁNDONOS CON la misma piedra una y otra vez pero lo más grave es que ya nos gustó tropezarnos con la misma piedra. ¿O será que todo esto es plan con maña para privatizar el Seguro?

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