Y lo creo porque en las entrevistas televisivas, aplicando los descubrimientos científicos del doctor Paul Ekman, de la Universidad de California en San Francisco, quien elaboró la teoría de que las expresiones faciales de las emociones no son determinadas culturalmente, sino que tienen un origen biológico, las expresiones faciales de la maestra al ser interrogada tanto por la reportera Lucero Rodríguez como por Julio César Cano para “Info7”, de un canal televisivo local, expresaban miedo, irritación, ansiedad y sorpresa, pero no titubeos, ocultamiento o desórdenes emocionales. Creo que la maestra es ahora más bien víctima que victimaria. Sus declaraciones son congruentes con la teoría del modelo educativo de la Reforma Integral de la Educación Básica que actualmente se está implementando. Si bien no cae en contradicciones, sabemos que una cosa es la teoría y otra muy diferente como se lleva ésta a la práctica. Pero no parece que haya sido una acción deliberada, que no tendría sentido según se han presentado los hechos. Es muy probable que el niño no haya sido sometido a un castigo, porque uno de esa magnitud no correspondería a la lógica docente de nuestro tiempo, a pesar de ser la explicación inicial del suceso.
Yo no sé si la madre del pequeño Lalito, Brenda Saldaña, sea responsable de algo en este caso, pero sí sé que en sus declaraciones públicas sólo está pidiendo que se investigue el hecho. También parece ser que no era tan cuidadosa con el niño como debería serlo una madre consciente, pues no acudía a recogerlo a la escuela, dijo que por tener que cuidar a un hijo recién nacido. Según algunos comentarios, no supervisaba adecuadamente su asistencia a la escuela ni su desarrollo académico. Es más, no ha registrado aún su nacimiento, pues el niño ni siquiera cuenta con el acta correspondiente. Y es más fácil culpar a la escuela, a la maestra o a su hijo mayor de la seguridad del pequeño.
Yo no sé si Lalito tuvo la intención de quedarse escondido, si acató el supuesto castigo de quedarse solo, en un salón a obscuras, que el conserje debió revisar mejor, pero creo que este niño necesita más atención familiar de la que actualmente tiene. Sé que los niños no mienten, pero sí fabulan para poder explicar lo que no entienden o cuando piensan que van a ser castigados por algo. Este niño sin duda tiene necesidades educativas especiales y muy probablemente quiso llamar la atención de una manera bastante común a esa edad: escondiéndose. Es claro que sus necesidades básicas no están satisfechas y creo que si el niño tiene un verdadero problema, generador de angustia, éste problema no sólo está en la escuela, sino en su familia. El niño, dice su hermano, también se muestra temeroso de llegar a casa.
Yo no sé si el conflicto lo podrán superar los actores de esta tragedia, pero si sé que para juzgar a alguien es necesario demostrar que es culpable, y creo que la opinión pública está descargando en la maestra, en la madre de Lalito y en la escuela, enojos que no corresponden a este suceso, sino a la situación en la que vive la comunidad. Y sé también que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. La vox pópuli no debe marcar el sentido de la justicia en este caso, a pesar de que un gran número de opiniones piden un castigo ejemplar para la maestra.
Yo no sé qué consecuencias políticas tendrá este evento, pero si sé que el gremio magisterial se está convirtiendo en el chivo expiatorio, en la víctima propiciatoria de la desconfianza contra las figuras que encabezan el sindicato más grande del país y creo que el odio contra sus dirigentes nacionales no debe trasladarse hacia la base que cumple, con mas virtudes que defectos, la labor encomendada a ellos.
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