Por eso ve usted a Rodrigo Medina ejerciendo el poder de elector en todo su esplendor, con un aplomo y alcances inimaginables en los tiempos tradicionales del PRI.
Así, el gobernador asignó la candidatura al senado a la alcaldesa de Guadalupe, Ivonne Álvarez e igual está postulando para diputado federal al alcalde de Apodaca, Benito Caballero.
Pero no sólo se advierte que tiene mano para designar los candidatos; también muestra su influencia indiscutida en las omisiones que propicia.
Tomás Montoya, por ejemplo, parecÍa seguro para competir por el Octavo Distrito. Tiene méritos, carrera e influencia que deriva de ser hijo de la secretaria nacional del PRI, Cristina Díaz.
Pero bastó con que al CEN llegara la versión de que el gobernador quería el Octavo Distrito para otro aspirante, que no fuera Díaz, para que tanto él como Cristina, se replegaran y dejaran el espacio.
Conforme a la cortesÍa entre priístas, se esperaría que el gobernador se esmerara en apoyar al hijo de la nuevolenesa más prominentemente ubicado en su partido.
Pero se impuso el mando hegemónico local, tolerado por Peña Nieto.
Ya cambiarÁn los tiempos y la relación de poder, dicen en México.
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