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Juan Latapí
Juan Latapí
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13 Marzo 2016 03:10:52
La más letal de todas
LA MÁS LETAL DE TODAS las crisis que padecemos es la de la falta de credibilidad en las autoridades, al grado de no creer en nada, ni nadie y a veces hasta ni en uno mismo.

LA CRISIS DE Credibilidad ha llegado a tal grado que la imagen que tenemos del actual Presidente, y de su círculo cercano, está por los suelos como nunca antes. Cuando nos anuncian algún logro lo descalificamos y ya ni siquiera cuestionamos si es cierto o falso.

Lo mismo sucede con todos los niveles de Gobierno a los que cada vez les creemos menos y, además, los culpamos de todas las calamidades que nos aquejan.

NO HA SIDO GRATUITO el grado de incredulidad y desconfianza que hemos ido acumulando durante años ante tantas mentiras y engaños por parte de políticos y gobernantes. Su cinismo raya en la burla y por eso hemos ido dejando de creerles.

CONTRARIO A SUS versiones hemos ido confeccionando nuestra propia versión de los hechos, aunque muchas veces sin fundamentos, llegando a condenarlos con veredictos populares sin fundamento.

POR EJEMPLO, cuando mataron a Colosio nadie creyó la versión oficial y en cambio le dimos credibilidad a las versiones de los dos Aburtos. A los Salinas de Gortari no los bajamos de corruptos y tenebrosos aunque no haya pruebas para demostrarlo. Sin embargo, el veredicto popular ya los sentenció como culpables.

Y NI QUÉ DECIR DE LA llamada “verdad histórica” de los normalistas desparecidos. Nadie cree la versión oficial y damos crédito a otras versiones aunque tampoco tengamos pruebas fehacientes, pero el veredicto popular ya marcó como culpable al Gobierno TAMBIÉN EL veredicto popular ya sentenció que los destinos de la megadeuda de Coahuila fueron a parar a la pasada campaña presidencial, aunque no haya pruebas concretas. Lo mismo pasa con las acusaciones en contra de Moreira I y la ayudadota que le dieron para liberarlo; aunque sin pruebas, el veredicto popular ya lo señaló y tachó como culpable.

AUNQUE LAS estadísticas del combate contra el crimen organizado, y no tan organizado, muestren mejoría, nadie las cree y, sin pruebas, el veredicto popular ya sentenció que seguimos igual.

NADIE CREE que “El Chapo” se fugó sin la ayuda del alto Gobierno, y sin pruebas, el veredicto popular ya los sentenció como cómplices culpables.

ANTE EL trágico caso de las desapariciones forzosas en nuestro Estado, el veredicto popular ya sentenció a la autoridad como falta de credibilidad y de voluntad, aunque se hagan esfuerzos por esclarecer tan penosa situación.

AQUÍ EN Monclova, el veredicto popular ya sentenció como una obra cara e inútil el Par Vial aún sin entrar en funcionamiento, y nos hemos enfocado en echarnos “la botana” con “el Rayador”, por cierto, burdo y feo. Y aunque el Par Vial llegue a funcionar, el veredicto popular seguirá haciendo mofa del “Rayador”.

NO SE trata de defender funcionarios y gobernantes que tienen larga cola que le pisen. Desde luego que como la riegan también tienen logros, pero lo irónico es que ya no les creemos.

ES UNA larga lista de instituciones, gobernantes, funcionarios, líderes, empresarios, deportistas y hasta comunicadores a quienes ya no les creemos. Y lo que es peor, aunque tengan argumentos con fundamento, de antemano ya se les sentenció como sujetos sin credibilidad.

¿QUIÉN CREE que en los beneficios de las mentadas reformas y quién confía en la honestidad de policías y ministerios públicos?

POR NATURALEZA somos dados a creer en lo que nos conviene y entretiene. Desde los primitivos que atribuían el trueno o el terremoto a la furia de los dioses, hasta hoy en día en la invasión de extraterrestres o zombis.

AÚN DUDAMOS que Pedrito Infante murió en un avionazo y creemos las leyendas de que sobrevivió y anduvo misteriosamente cantando por ahí. Nos negamos a creer los hechos y, ante la falta de una explicación veraz, armamos historias en base a rumores y chismes. Y hasta le creemos más al Chupacabras que a nuestra democracia.

Y PARA acabarla de amolar, nuestra pobre cultura nos ha acostumbrado a buscar culpables en vez de encontrar soluciones, a fijarnos más en los defectos que en las cualidades de los demás.

Y ahora, con las nuevas tecnologías digitales, nos hemos convertido en todólogos y tremendos jueces donde sólo nuestra verdad es la buena.

MIENTRAS LA corrupción e impunidad sigan siendo una práctica común, difícilmente recuperaremos la credibilidad en las autoridades y en las instituciones, pero lo que no se vale es
también dejar de creer en la solidaridad y empatía con nuestros semejantes.

CREER SÓLO lo en los que nos conviene y condenar sin razonar, nos aleja de la realidad, lo que nos impide conocerla, afrontarla y transformarla.

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