76 lecturas





Ya están nuestros escolares buscando su lugar en el mundo de la fama académica: en días pasados arrancó el proceso de selección para llegar a las finales de la Olimpiada del Conocimiento Infantil 2010. Aunque sea una interesante competencia entre los escolares de sexto de primaria, el proceso de selección no va a determinar cuáles son los mejores, sino quiénes tienen mayores capacidades de retención de la información en Español, Matemáticas, Ciencias Naturales y Desarrollo Humano, Historia, Geografía y Educación Cívica. Es decir, sólo van a seleccionar a aquellos niños y niñas cuyo tipo de pensamiento es convergente, que tienen mejor memoria, que han tenido más práctica en la resolución de cuestionarios y que ostentan mayor capacidad de comprensión en la lectura significativa. Ellos tendrán el papel sobresaliente y seguramente quedarán entre los seleccionados.

Pero los que van siendo eliminados, en la primera o segunda fase, no son menos valiosos. El valor real de un niño o de una niña no depende sólo de esas capacidades. Aquellos pequeños cuyo pensamiento es divergente posiblemente no hagan buen papel en esta prueba, aun cuando son los que presentan las mejores capacidades creativas. Los innovadores, los investigadores, los creativos, poseen características que no son las evaluadas por los instrumentos que se aplican para la selección de los ganadores de las Olimpiadas del Conocimiento, por lo que posiblemente no serán seleccionados. Esos instrumentos no miden la puesta en juego de conocimientos, habilidades, actitudes y valores para el logro de propósitos en contextos y situaciones diversas, es decir, aún no pueden registrar cómo el niño moviliza sus conocimientos de manera integrada hacia la consecución de objetivos concretos que se manifiestan tanto en situaciones comunes de la vida diaria como en situaciones complejas. Eso es enseñanza por competencias y pienso que las Olimpiadas del Conocimiento no se han adecuado a ella aún.

Albert Einstein fue el más grande pensador del siglo veinte. Dijo de él Bertrand Russell (Premio Nobel también) que tenía la simplicidad característica de los grandes hombres de ciencia, porque su ambición mayor era conocer y comprender las cosas de la realidad y no daba por sabidas las cosas que le eran familiares. Einstein es uno de los mejores ejemplos de la conjunción del pensamiento convergente con el divergente. Y esto fue no por la escuela, sino a pesar de la escuela. Desde pequeño tuvo problemas con un modelo de educación que no aceptaba que el niño, en lugar de responder a las preguntas de sus maestros con las respuestas que “debían ser”, se pusiese a reflexionar sobre el significado de la pregunta misma. De hecho, el primer artículo que escribió sobre un tema no físico fue en contra de la aplicación de exámenes finales, titulado por él “La Pesadilla”. Consideraba que el esfuerzo que requería la memorización de numerosas materias podía dañar la salud del alumno y traumatizarlo. En su opinión, el método de preguntas y respuestas destruye la curiosidad del alumno y su individualidad, y no sirve para mucho en el resto de la vida.

Ignoro si este concurso, que organiza anualmente la SEP, desde 1961, a iniciativa del entonces secretario Jaime Torres Bodet, sea positivo o no.

Pero de lo que estoy seguro es que si Albert Einstein hubiera participado, no habría pasado ni la primera etapa de selección.

Si su hijo resulta escogido en esta prueba, felicidades. Pero si no pasa a la segunda fase, o se queda ahí, no piense que por ello va a ser un fracasado.

Las competencias para la vida aún no se pueden medir con este tipo de concursos que, aun cuando son interesantes, no reflejan ni remotamente el verdadero valor de nuestros pequeños.
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb