Por esto, es necesario que ellos puedan expresar en la Iglesia sus opiniones y que puedan hacerlo “públicamente”.
La “opinión pública” ha sido defendida ya, en algunos documentos del Papa Pío XII, aunque algunos hayan tratado de quitarle fuerza con sus interpretaciones particulares. Por eso adquiere más relieve el hecho de que la Iglesia, actualmente, ha ya resaltado más la influencia en la opinión pública que ejercen los laicos, y esto, apoyándose en el propio Papa Pío XII.
En efecto, la Iglesia declara que los laicos deben manifestar a las autoridades eclesiásticas “sus necesidades y sus deseos, con aquella libertad y confianza, que corresponde a los hijos de Dios y a los hermanos de Cristo”. De acuerdo a la ciencia, a la competencia y al prestigio de que goza cada uno, tienen la facultad, más aun, el deber, de dar a conocer su parecer concerniente al bien del pueblo en general y de la Iglesia, en particular. En efecto, en algunas batallas decisivas, las iniciativas más felices han provenido de los laicos.
También, la Iglesia, apoyándose en las palabras de Pío XII, reconoce la importancia de la prensa católica, recordando que la opinión pública es la “herencia” de toda sociedad normal, compuesta de hombres que, conscientes de su responsabilidad personal y social se han comprometido íntimamente con la comunidad, de la cual son miembros. Esta “herencia” es, al fin de cuentas, el eco natural, la resonancia común, más o menos espontánea, de los acontecimientos y de la situación actual que se esté viviendo. En donde no aparece alguna manifestación de la opinión pública, o donde se demuestra que no existe, se debe reconocer que hay una falla, una debilidad y una verdadera enfermedad de la vida social. En donde deja de funcionar libremente la opinión pública, se pone en peligro la paz.
Debido a que la opinión pública es necesaria en toda sociedad normal, siendo una exigencia de la vida social, no debe faltar nunca, ni siquiera en la vida social de la Iglesia. El Papa Pío XII siguió afirmando que es necesario abundar más en lo que se refiere a la opinión pública en la misma Iglesia, sobre todo para aquellas personas que no conocen bien a la Iglesia o la conocen mal. Debido a que la Iglesia es un organismo viviente, le faltaría una cosa vital si le faltara la opinión pública, y el reproche sobre esta carencia caería sobre la misma autoridad de la Iglesia y sus fieles.
Es necesario que las declaraciones de la opinión pública se hagan a través de los órganos establecidos para este fin. Pero, siempre deben hacerse estas declaraciones con veracidad, energía y prudencia, con respeto y caridad hacia aquellos que detentan cualquier tipo de autoridad, incluyendo a los que, por su oficio religioso, representan a Cristo. Ni siquiera las palabras “con veracidad” y “con energía” deben ser descuidadas, cuando se trata de hacer declaraciones públicas.
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