El cuerpo de Maximiliano fue trasladado para ser preparado por el doctor Licea, médico republicano y el doctor Basch, médico personal del austriaco. Ellos conocían el secreto. Sustituyen al emperador por un cadáver adecuadamente elegido.
Las agresivas técnicas de embalsamamiento colaboran. En secreto Maximiliano es llevado al puerto de Tampico, por donde salió el cónsul prusiano en Guanajuato con rumbo a El Salvador. Él habría conducido al archiduque a su nueva nación, donde adoptaría la personalidad de Justo Armas, quien vivió en El Salvador desde 1868 hasta su muerte en 1936.
Rolando Deneke exhumó el cadáver de Justo Armas en El Salvador. Obtuvo una muestra del ADN. Solicitó al archiduque Jorge, cabeza de la actual familia Habsburgo, para que las archiduquesas donaran sangre y comparar su ADN con el del Justo Armas.
Los resultados arrojaron un alto grado de similitud. Sin embargo, deben repetir la prueba, pues los restos de Justo Armas estaban contaminados por tantos años de sepultura en la tierra húmeda de El Salvador.
El reto que tiene Deneke es exhumar el cuerpo de Maximiliano que está en el convento de Las Capuchinas en Viena y someterlo a pruebas de ADN. Una vez que se produzca eso hay varias posibilidades: La primera, si el ADN de los Habsburgo es igual al del cadáver de Viena y el de Justo Armas es diferente: Indudablemente Maximiliano murió en el Cerro de las Campanas.
La segunda, si el ADN de Justo Armas coincide con el de los Habsburgo y el del cuerpo sepultado en Viena es distinto: Justo Armas era Maximiliano. Finalmente el tercero, si el ADN de las tres muestras es igual. Entonces hay un Habsburgo sepultado en El Salvador, que no es Maximiliano.
Esta conclusión que aduce el salvadoreño después de investigar el tema durante 15 años. Cierto o falso en México su tesis no ha tenido eco. Como colofón, Rolando Deneke lamenta que la emperatriz Carlota haya enviudado a los 27 años y que Maximiliano, al mudar de identidad, no la haya mandado a traer.
Por el contrario, después de cambiar de nombre y radicarse en El Salvador, lo único que le interesó mandar a traer a México fue parte de su vajilla de porcelana. Deneke murió en agosto de 2009 y su investigación se quedó sin completar.
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