Un día como hoy, hace 131 años, murió Gustave Flaubert, uno de los grandes novelistas de todos los tiempos. Tanto, que su estilo fue ampliamente estudiado por dispares gigantes de la literatura que le sucedieron como Roland Barthes, Vladimir Nabokov, o el recién extinto sabio argentino, Ernesto Sábato.

Cuestión de escrúpulos

El filósofo Jean-Paul Sartre afirmó que si bien su origen fue la burguesía, hubo y hay muy pocos burgueses como Flaubert.

El autor de “La Educación Sentimental” hizo de su descarnada objetividad un hacha terrible con que diseccionar de manera implacable un mundo que odiaba y lo fascinaba, un mundo al que sin embargo pertenecía.

Incluso al escribir una historia de amor “una historia moral de los hombres de mi tiempo”, Flaubert utilizó los exhaustivos instrumentos propios de los investigadores: interminables visitas a las bibliotecas, viajes a lugares donde ocurrieron los hechos, minuciosas entrevistas con sus protagonistas, sólo con el afán de contextualizar históricamente su drama.

Extravíos

A Flaubert le interesaba la historia y los vaivenes políticos, preocupado porque en el universo de sus ficciones, sus personajes se desbarrancaban tanto en el plano de los sentimientos como en su contexto social. Todos los hechos se acomodaban hacia un inevitable derrumbe de todas las certezas: un democrático absurdo y una desazón inminente lo mismo para los monarquistas como para revolucionarios.

Había conocido a Víctor Hugo en 1840 y se había amistado con él. Realizó algunos cortos viajes, viviendo de las rentas de su patrimonio. Nunca se casó.

Al regreso de un viaje por Oriente, en 1851, inició la escritura de “Madame Bovary”. Tardó 56 meses en su redacción. Al ser publicada, seis años más tarde, la autoridad de su tiempo ordenó acciones legales contra el autor y la editorial, acusándoles de atentados contra la moralidad, aunque poco después sería absuelto. No corrió con la misma suerte Charles Baudelaire, quien a causa de “Las flores del mal”, había sido condenado ese mismo año y por las mismas razones por el mismo tribunal.

Diccionario de los lugares comunes

“La Educación Sentimental” fue publicada en 1869. Su incipiente éxito no apartó a Flaubert de su escrupulosa disciplina; preocupado por el filo del realismo y la elegancia estética en cada una de sus obras, sometía a prueba sus textos leyéndolos en voz alta.

Así llegó a una de sus últimas y más importantes obras: “El Diccionario de los Lugares Comunes”, donde pretendía antologar los tópicos fabricados por la burguesía francesa del siglo 19.

Tardó casi 30 años en su proceso. Y aunque a través de su mirada irónica y pesimista hacia la humanidad se planteó como un moralista, Flaubert padeció también casi todos los males de sus héroes novelescos a lo largo de su vida: la falta de claridad, la ausencia de un destino claro, una vida llena de interrogantes.

Envejecido prematuramente, murió a los 58 años, de una hemorragia cerebral.

Bardo de las bardas

“A los ídolos no hay que tocarlos: se queda el dorado en las manos”. Gustave Flaubert.
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