Se esgrimen razones hasta siniestras sobre el costo y el origen del nivel de seguridad que disfrutan los pobladores del municipio de San Pedro.

Lo cierto es que sus restaurantes lucen llenos por las noches, van hasta diez mil vecinos a disfrutar la Calzada del Valle cuando se cierra al tránsito los domingos; y llegan a su territorio las familias de los municipios próximos en busca de residencia y escuela.

Imposible separar esa imagen de relativa tranquilidad, muy superior a la del resto del estado, sin hacer referencia al polémico y agresivo alcalde Mauricio Fernández.

Mientras gente pensante de Monterrey y del país lo descalifica por sus bravatas sobre grupos rudos y treguas logradas con los cárteles, San Pedro presenta los índices más bajos en robo de vehículos, ejecuciones y secuestros.

Su policía municipal es la más equipada y cuando sus elementos han sido arrestados por otras corporaciones por supuestas ligas con delitos, el alcalde ha ido a dar la batalla por ellos, hasta liberarlos.

Cuando se haga el balance final entre sus promesas de obras y la realidad de lo que entregue, se verá que es anárquico para trabajar, que batalla menos para conseguir dineros que para administrarlos.

Pero las encuestas lo favorecen. Paradojas de la opinión pública: En tiempos bélicos, los alcaldes más bravos son los mejor calificados. Así los reclaman los ciudadanos.
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