Algunos amigos hacían muecas de asco cuando les preguntaba si habían visto “Seinfeld”. Generalmente ellos no habían rebasado los primeros 3 minutos del programa, cuando Jerry Seinfeld aparecía narrando alguna anécdota de espaldas a un muro de ladrillos rojos. Les resultaba “demasiado gringo”.

Quienes superaban esos 3 minutos coincidían en que la serie era estupenda, muy graciosa y con una poderosa sugerencia de ideas y significaciones debajo de acciones o de caricaturizaciones.

Y sí, quien la viera por la superficie podría calificarla también como “insular”, llena de experiencias que nos son ajenas. Lo importante era lo que estaba debajo: la vida de cuatro perdedores, el trasunto de una serie de personas sobrecogidas por ese monstruo tan norteamericano que es la experiencia de ciudad insensible, con todo y que Manhattan para nada es “insular”, tradicional o estática.

“Seinfeld” nos daba una noticia humana detrás de los Yankees y los rascacielos. Y sin proponérselo. Cuando presentó la serie a la NBC dijo que trataría sobre “nada”. Tal cual. Hace poco me sorprendió ver en un programa de estudios de cierta universidad estadounidense un módulo titulado “Nihilismo en el personaje de Jerry Seinfeld”.

Con humor nos confrontamos sin que el autoanálisis duela tanto. Gorki decía que los rusos tenían el monopolio de la crueldad así como los ingleses tenían el del humor. Así explica Barbara Probst que los ingleses hayan tenido mejor capacidad que los franceses para confrontar su historia de posguerra, tras 1945.

Dostoyevsky tuvo que usar el humor, también, para hablar de esa sociedad “cruel” en “Endemoniados”, una de sus magnas obras.

A los rusos (dice M.A. Parra, dramaturgo chileno) la historia del Quijote les resultaba tristísima hasta lo insoportable. Mientras tanto, los gringos no pueden dejar de leerla como una comedia.

Lo importante es que debajo encontremos siempre al hombre, con todas sus posibilidades, con la voluntad para construirse sus propias tragedias y su capacidad para resolverlas
(o no).

Quien no encuentre ese fondo verá sólo edificios, marcas comerciales, paisajes y peinados. Verá la superficie y la calificará como insular. Pontificará que eso no puede ser Gran Literatura. Esa fantasía de seriedad, la de creer que ser jurado del Nobel es buen sitio para pontificar, anula el sentido del humor y cualquier otra opción para encontrar la dimensión humana.

(Con mi agradecimiento a boticapop.blogspot, por hacerme investigar y por su buen humor)
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