La democracia como sistema electoral no está acabado, sino en constante renovación, actualización y adecuación.

Las últimas tres elecciones presidenciales que se han llevado a cabo en el país revelan que quienes han ocupado la Presidencia de la República obtuvieron menos del 50 % de los votos válidos de la votación total emitida.

Durante las elecciones de 1994 para Presidente de la República, el candidato vencedor, el Dr. Ernesto Zedillo Ponce de León, obtuvo 17 millones 181 mil 651 votos, equivalentes al 48. 69%; situación que le permitió obtener un amplio margen de ventaja de 22.77 puntos porcentuales sobre el Lic. Diego Fernández De Cevallos, candidato del Partido Acción Nacional que consiguió 9 millones 14 mil 841 votos, que representan el 25.92%.

Posteriormente, en los comicios del años 2000, el candidato Vicente Fox Quesada, candidato de la Alianza por el Cambio, integrada por el Partido Acción Nacional y el Partido Verde Ecologista de México, obtuvo 15 millones 988 mil 740 votos, es decir un porcentaje de 43.43% de votos. 6.55 puntos porcentuales arriba de su más cercano contendiente, Francisco Labastida Ochoa, candidato del partido Revolucionario Institucional quien obtuvo 13 millones 576 mil 385 votos, equivalentes al 36. 88%.

Durante el proceso electoral para Presidente de la República en el año 2006, las distancias porcentuales se redujeron de manera sorprendente en los resultados finales proporcionados por el Instituto Federal Electoral.

El actual Presidente de la República, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, alcanzó la máxima magistratura del país con 15 millones 284 votos, equivalentes al 35.89%, con una diferencia de 0.58 % sobre el Andrés Manuel López Obrador, candidato de la Alianza Por el Bien de Todos, integrada por el Partido de la Revolución Democrática, el Partido del Trabajo y Convergencia Por la Democracia. Lejos de estos dos actores, se ubicó Roberto Madrazo Pintado, candidato de la Alianza por México, integrada por el Partido Revolucionario Institucional y el Partido Verde Ecologista de México con 9 millones 301 mil441 votos, equivalentes al 22.26%.

Es fácil advertir cómo ninguno de los últimos presidentes de la República han logrado obtener el 50 % de la votación válida emitida, y si como los parámetros de la elección se han ido reduciendo entre los actores políticos.

Aun en estas fechas, a dos años de la elección presidencial del 2 de julio del 2006, el presidente de la República Felipe de Jesús Calderón Hinojosa enfrenta un contexto de cuestionamientos a partir de su apretado triunfo electoral sobre Andrés Manuel López Obrador.

La situación anterior que se confirma a partir de la encuesta de opinión efectuada por Ipsos Bimsa que fue publicada a finales de junio del 2007, en la cual a pregunta expresa ¿Por quién votaría si se repitieran las elecciones del 2 de julio del 2006?; los resultados arrojaron que si bien Felipe Calderón había aumentado sus puntos porcentuales en 9.51% hacia un 45.40%, aún se encuentra lejos de obtener un 50 % de aceptación.

Durante los próximos años la sociedad mexicana habrá de observar cómo los procesos electorales tenderán a convertirse en elecciones disputadas y con resultados electorales apretados, producto del proceso de evolución democrática y concientización cívica que vive la población de nuestro país.

La Segunda Vuelta Electoral, también conocida en el derecho electoral como balotaje (del verbo ballotter, que significa votar con ballotets, bolitas). Balotaje significa elección con doble turno o segunda vuelta. En sentido amplio, es el término utilizado para designar la segunda ronda de votación en las elecciones a cargos ejecutivos o legislativos.

Es necesario adecuar la legislación electoral de México, con el fin de encontrar los mecanismos que permitan la construcción de un sistema electoral adecuado y acorde a las necesidades y exigencias que presenta el país.

La Segunda Vuelta Electoral tiene como objetivo fundamental buscar la mayor legitimidad de origen en los procesos electorales.

La Segunda Vuelta Electoral tiene su origen en el sistema semipresidencial francés. Su aparición tuvo lugar en la Ley Electoral de 1787, consagrada después en las constituciones de 1793 y 1795; siendo después eliminada por Napoleón Bonaparte, reaparece en las constituciones de 1815 y 1830. Quedando sin efecto nuevamente durante los años de 1848 a 1852, es restituida por Napoleón III en 1852, teniendo una vigencia hasta el año de 1919. Es durante el mandato del Gral. De Gaulle que adquiere las características del actual balotaje francés y con las reformas de 1962 se establece como el rasgo distintivo del sistema presidencial francés.

Actualmente este sistema electoral es aplicado en la mayoría de los países de América Latina. En Costa Rica y Ecuador se adoptó en la década de los 60, posteriormente durante los años 80 y 90 el sistema fue adoptado en Uruguay, Brasil, Chile, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Panamá, Bolivia, Perú, República Dominicana y Argentina. En Europa además de Francia, el sistema de Segunda Vuelta Electoral es aplicado en Austria, Portugal y Rusia por mencionar sólo algunos.

El sistema de Segunda Vuelta Electoral es una elección de dos vueltas, el cual se presenta si en la primera votación ninguno de los dos candidatos más votados obtiene la mayoría absoluta, es decir el 50 % más uno de los votos válidos emitidos o según la legislación de un país particular no alcanza el umbral de votos necesarios para evitar las segunda vuelta, se realiza una segunda vuelta para decidir entre los dos primeros candidatos.

Después de realizar estas breves notas sobre la Segunda Vuelta Electoral, es necesario precisar que la democracia ha llegado para quedarse en nuestro país. Que las elecciones para la Presidencia de la República han dado paso a procesos electorales disputados y con resultados en los cuales el candidato ganador no ha logrado obtener al menos el 50 % de la votación válida emitida en las últimas tres elecciones.

A modo de reflexión final: “Es el momento de enfrentar los problemas, proponer alternativas y tomar decisiones en búsqueda de un mejor sistema electoral que se adecúe a las necesidades que demanda el país. Escuchemos las propuestas, busquemos los consensos y construyamos el futuro. Otorguemos una mayor legitimidad a nuestros gobernantes”.


Trivia semanal.
¿Qué edición de los juegos olímpicos nos tocó organizar en el aciago año de 1968, de gran turbulencia política?

R: XIX.

El autor es integrante del Círculo Editorial de la Fundación Trascender, A. C./Vínculo de Profesionistas.
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