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Se ha hablado tanto y hasta el hartazgo de la tragedia de Haití, y se olvida que cuando el temblor de las entrañas de la tierra despertó, el desastre ya estaba instalado ahí.

Ese derrumbe ya llevaba siglos.

El reino de este mundo
Rapiña gubernamental, superstición extendida, violencia cotidiana, desinterés mundial, (¿les suena?) conformaron un coctel que volvió a esa mitad de la isla La Española la región más miserable del Hemisferio. Antigua colonia francesa, Haití fue el segundo país en el continente americano en declarar su Independencia: la brutalidad de lo tangible desmiente lo abstracto de las conmemoraciones.

Playa limbo
El dolor humano vuelto circo mediático, ese infierno empedrado de intenciones tan emotivas como instantáneas, ha olvidado que durante décadas, con anuencia de los Estados Unidos, el dictador Francois Duvalier, con el apoyo de sociedades secretas, reivindicó al vudú como “religión oficial”. Su policía política, los Tonton Macoute, es recordada por las graves violaciones a los Derechos Humanos (torturas, muertes, secuestros, extorsiones) contra la población civil. El uso de una extrema violencia y de la superstición y brujería, muy extendida entre la población haitiana, volvió muy débil oposición a estas actividades, permitiendo la continuidad de la dictadura de los Duvalier en la figura de su hijo Jean Claude, hasta inicios de 1980.

Los muertos vivientes
Con una esperanza de vida de 50 años y una infraestructura gubernamental en ruinas, aun antes del temblor, asediada por el índice más alto de enfermos de VIH y de muertes por desnutrición infantil en el Hemisferio Occidental, el nulo desarrollo tecnológico, ese abismo en el corazón del mapa ha sido motivo literario al menos para dos grandes escritores. Hay más formas de entender a Haití, además de los tendenciosos noticieros, locutores alarmistas chapoteando en los pantanos de lo superficial.

Uno: se cuenta que el cubano universal Alejo Carpentier asistió alguna vez a una ceremonia vudú, experiencia que despertó su interés por la influencia africana en el Caribe. Y fue en el prólogo de su novela “El reino de este mundo” donde acuñó su término “lo real maravilloso”, que algunos críticos han interpretado erróneamente como sinónimo del “realismo mágico” garciamarquiano.

En “El reino de este mundo” habita la génesis de lo que es hoy Haití.

Esperando a los bárbaros
El agudo Graham Greene quedó tan impactado por los terribles contrastes de la realidad haitiana a mediados del siglo pasado, que ambientó su novela “Los comediantes” durante la dictadura de Duvalier; un hotel donde se hospedó Mick Jagger, dos amantes que se encuentran en un país convulsionado donde la policía política arranca cabezas a machetazos, son un el telón de fondo para una trepidante historia sumergida en el absurdo delirante de una violencia sin límites, un mosaico que se vuelve continuación y reverso del espejo transparente de “lo real maravilloso” del erudito Carpentier . Años después, Richard Burton y Elizabeth Taylor harían suya la versión cinematográfica, titulada en español como “Los Farsantes”.

Bardo de las bardas
“Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados.”
Alejo Carpentier
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