“Violar los sagrados principios que juró defender”, “eludir las promesas hechas a la nación”, y nada menos que “hacer del sufragio una sangrienta burla al pueblo”, cuando nadie, sino Emiliano Zapata, puso en entredicho las elecciones presidenciales ejemplares que dieron un triunfo por aclamación nacional a favor de don Francisco I. Madero.
Se tiene que hacer notar la gran incongruencia existente al acusar a Madero de no cumplir sus promesas si apenas tenía 20 días en que había ascendido a la Presidencia de la República.
El plan de Ayala incluía también y como parte adicional del plan que “invocamos” (según se lee), se plantea la devolución a sus dueños legítimos de los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados… previa muestra de los títulos de propiedad correspondientes.
Y para quienes nada tienen, el famoso plan zapatista decreta la expropiación, “con indemnización”, de una tercera parte de las tierras monopolizadas por los propietarios poderosos.
Lo contrastante también, es que nombran al general Victoriano Huerta, el segundo de Madero, para que encabezara este movimiento y que si no aceptaba, entonces sería Emiliano Zapata.
La historia hace constar que fue precisamente Victoriano Huerta el que encabezó el movimiento para derrocar a Madero, ¿Acaso ya lo intuía Zapata? ¿En donde está entonces el elemento revolucionario, mítico, del levantamiento zapatista? Y ésta es la parte que consideran “adicional”. La básica es el desconocimiento del primer presidente de la República electo democráticamente luego de 33 años de elecciones fraudulentas.
El temprano levantamiento zapatista abrió la caja de pandora y trajo en incendio por el que México perdió treinta años del siglo XX que ya quedó atrás, dejando tras de sí, campos arrasados, minas anegadas y la naciente industria en ruinas.
Evento que recordamos en el mes del inicio de la Revolución Mexicana. (Luis González de Alba)
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