Hacia 1914 da un giro en su búsqueda y decide concentrarse en las experiencias que vivió de niño en la zona rural de Illinois. Y empieza publicando bajo el nombre de Webster Ford en un diario de San Luis.
Éste sería el germen de la “Antología de Spoon River”, publicada por primera vez en 1915.
Las voces del río
La antología consta de más de 200 poemas escritos como epitafios de un cementerio ubicado en la colina de un ignoto y tradicional pueblo del Medio Oeste.
Escrito en verso libre, cada muerto relata en primera persona cómo fue su vida, en un lenguaje llano, sarcástico, cruel y a la vez humorístico. De forma desnuda, como un monólogo amargo, el conjunto se convierte en un revelador fresco sobre el paisaje, las costumbres y las personas. El autor enfrenta opiniones cáusticas de cada personaje, enhebra diecinueve historias y más de doscientos cuarenta y cuatro personajes con sucesos entretejidos, a través de observaciones psicológicas, morales y religiosas, que desembocan siempre en la miseria y la vanidad de casi todas las empresas humanas.
Mirada y memoria
El impacto del libro fue inmediato y sorprendente. La crítica estadounidense de entonces no dudó en calificar a Lee Masters como un “hijo natural de Walt Whitman”, hasta el pendenciero Ezra Pound, quien declaró que “finalmente, América habia descubierto un poeta”.
Otro de los logros del libro es que se volvió inmensamente popular no sólo en los medios literarios, sino que también atrapó al lector común, algo inusual para el género poético.
Lo insólito – aquí empieza el misterio y la controversia- es que luego de 1915 y durante el resto de su longeva vida, Lee Masters volvió a la mediocridad inicial, por más que intentó sin éxito una continuación del “Nuevo Spoon River” en 1924 ¿Qué fue lo que sucedió?
Conjeturas
1: La “Antología de Spoon River” fue escrita en un estado de trance, al estilo de Yeats, que le valió según la leyenda, varios colapsos nerviosos.
2: Se sospecha también la apropiación de un manuscrito de un autor desconocido.
Según sus críticos, Masters habría transcrito y recreado un trabajo encontrado en alguna de sus diligencias legales. Por su profesión de abogado, se mudaba de pueblo en pueblo, estando en contacto con papeles sucesorios, con lo cual no sería nada extraño un hallazgo de esa naturaleza. Esto explicaría la infructuosa continuación que quiso darle a la “Antología” en 1924, fallida y sin el poderío de la primera versión.
Aquí es donde empieza la leyenda, donde se sitúa el misterio y el trance de la literatura; si Masters no fue un ladrón, quiero pensar que abrevó en ese río, en esas voces venidas de misteriosas regiones, maceradas en oscuros procesos, corrientes subterráneas de música.
Contar cantando o hablar como se habla en los sueños, un palpitar venido de quién sabe dónde.
Bardo de las bardas
“¿Dónde están Elmer, Herman, Bert, Tom y Charley,el abúlico, el forzudo, el bufón, el borracho, el peleador?
Todos están durmiendo en la colina”.
Edgar Lee Masters
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