En los últimos dos años he recibido tres becas de producción artística: la beca del PECDA, que otorga el Estado de Coahuila, la del Forca, y la del Programa Jóvenes Creadores del Fonca. No pocos se han manifestado en contra. Debido, entre otras cosas, a que soy funcionario público. Al parecer trabajar en una dependencia no me faculta para desarrollarme como escritor. Algunos mal intencionados han afirmado, sin elementos, que me sirvo de mi puesto para granjearme algunos dividendos. Mi pregunta es ¿puede una oficinita que se encuentra en una provincia como Torreón generar el aparato suficiente para que mi libro haya sido nombrado libro del año por tres medios, y además para que la crítica en Argentina y en España lo elogiara entusiastamente?

Menciono lo anterior porque acaban de publicar los resultados de la Convocatoria Jóvenes Creadores 2011. Ningún lagunero resultó ganador en letras. Por supuesto que una beca del Fonca no supone una consagración. Pero que nadie la obtenga arroja distintas lecturas sobre la situación por la que atraviesa la región. Una de ellas es la falta de un proyecto sólido por parte de nuestros escritores más jóvenes. A esto sumémosle la continuidad que podría ser atractiva a uno o varios de los jurados que evalúan los proyectos que son elegidos. Es algo grave. Entre otras cosas, porque son los nacidos en los 70 quienes sostienen la mayor notoriedad de la literatura lagunera. Fuera de algunos ellos, los nacidos en la década de los 70 hacia atrás no cuentan con una editorial. Un día publican en un sello, al siguiente en otro. Su trabajo no es tan redituable como para permanecer en una sola casa editorial y ser respaldados por esta. Todavía esperamos el relevo generacional. Los nacidos en los 80 siguen sin aparecer.

No faltarán por ahí los ardidos que hablen mal de quienes son acreedores a un estímulo. Que calificarán de mafioso a todo aquel que sí obtuvo la beca del Fonca. Algunos colegas se acercan a mí para pedirme que los haga ricos. Déjenme recordarles que antes de ocupar esta posición no tenía trabajo, ni becas, ni nada. Escribía como loco y sobrevivía de lo que publicaba en “Milenio”. Me encerré a escribir y no a quejarme en Facebook y aquí están los resultados. Veo con gran satisfacción que algunos coahuilenses fueron premiados. De Saltillo: Miguel Gaona y Claudia Berrueto. De Monclova, Luis Jorge Boone. Felicidades a mis carnales. Veamos cómo le va a La Laguna el año que entra. Sobre las becas Guillermo Fadanelli dijo que las consideraba limosnas. Y que él siempre se formaría en la fila para mendigar. Pobrecitos aquellos que ni para pedir una beca tienen gracia.

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