El 4 de noviembre del año de su victoria, la sucesora de Lula Da Silva declaró a Patricia Janoit, de CNN en Español, que su ascenso a la presidencia era parte de un proceso que puso a la mujer como “centro de la cuestión social”, por su papel en el hogar, la política, la economía y otras actividades. Veinticinco por ciento de los jefes de familia en el Brasil pertenecen a ese género. El Ministerio de las Mujeres fue determinante, pues la “Ley María de Penha”, que promovió ante el Congreso Nacional, “castiga al agresor de una mujer con pena de prisión. No es un delito privado, aunque haya sido en el hogar”, dijo Rousseff a la guapa y talentosa conductora de “Uno a uno”.
Las mujeres en México no se han desarrollado políticamente por una serie de atavismos, pero también porque no se respetan. Quienes fundan su carrera en la belleza se reducen a objetos de deseo canjeables o desechables. Sin embargo, pueden poseer atributos físicos, tener inteligencia y ser dignas al mismo tiempo. Una expresión que niega a la mujer como protagonista y par entre los hombres, e igual la disminuye, son las “Juanitas” que en los congresos ceden su lugar a varones. Si no se respetan a sí mismas, ¿quién lo hará?
La mujer desempeña en otros campos una función central. En la ciencia, los negocios, el deporte, el arte, las finanzas y algunas esferas del sector público. Incluso el papel de las primeras damas, del país o del estado, ya no es el de antes. Hoy actúan al grado de sentirse, por capricho o méritos reales, con derecho a ocupar el lugar del marido. Cristina Kirchner sucedió al suyo y Martha Fox lo intentó. Lo mismo pasó en Tlaxcala, Nayarit, sin éxito. Otras fueron gobernadoras, con o sin pareja: Griselda Álvarez, Beatriz Paredes, Dulce María Sauri, Rosario Robles, Amalia García e Ivonne Ortega. Ninguna del PAN, por cierto.
Hay también primeras damas que prefieren no exponerse y optan por un papel discreto, distante del poder y no siempre de acuerdo con lo que ven y escuchan. Igual existen otras que antes de casarse emprendieron su propia carrera política. Son los casos de Margarita Zavala, esposa del presidente Calderón, y de Carolina Viggiano, del gobernador Rubén Moreira. Ambas son abogadas; la primera fue diputada federal y la segunda lo es actualmente por Hidalgo. Son las “armas secretas” de sus respectivos maridos. Viggiano empieza a conocer y a darse a conocer en el estado. Su idea consiste, según entiendo, en transformar la asistencia social a partir, justamente, del reconocimiento de la mujer como factor de cambio, tema que abordaré en la próxima entrega. Si lo consigue, Coahuila dará un paso importante para que sus mujeres sean vistas como lo son las de Brasil.
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