Hace unos días, un priísta quien lo mismo vivió a unos metros de distancia los humos de la revolución escobarista en 1929 que ha visto todo lo ocurrido con su partido a lo largo de ocho décadas y un tercio, nos decía con desánimo que a la luz de los últimos acontecimientos le surgían dudas de que los tricolores y su candidato regresaran a ocupar la silla presidencial. La base de su argumento era que algo extraño flotaba en el ambiente. Eso le hace pensar que la lealtad se ha alejado y nuevamente las ambiciones de algunos habrán de llevarlos a la derrota. Ante tal aserción, decidimos dar un repaso conjunto a los eventos más recientes en el entorno de quienes aspiran a la silla presidencial.

A partir de diciembre, en parte debido a sus dislates y desafortunadas intervenciones, el precandidato priísta Peña Nieto ha sido sometido a un golpeteo intenso en los medios de comunicación. Lo que más llama la atención es que la dirigencia de su partido en lugar de salir a “meter el cuerpo” para defenderlo ha optado por la prudencia y en la mayor parte de los casos ha tenido que ser el mismo precandidato quien salga a responder, algo que obviamente provoca desgaste. Aunado a todo esto, al interior del PRI se ha formado dos grupos enfrentados en lucha soterrada. Los cercanos al precandidato acaparando la mayoría de las posiciones dentro del partido y los perdedores que a los cuatro vientos claman ser leales, pero que han optado por hacerse chiquitos y evitan ensuciarse el traje. Después de todo, razonan, si se vuelve a perder la presidencia hay que salvar la carrera política y bien se puede sobrevivir en una diputación, en una senaduría o en algo más, total ya aprendimos, dicen ellos, como ser oposición y a disfrutar de canonjías. Por su parte, algunos medios pareciera que no han llegado a un acuerdo y proceden a promover la imagen de otro a quien en el pasado denostaban. En lo que no reparan unos y otros es que las circunstancias podrían ser distintas totalmente a las vividas durante los últimos doce años, nos alertaba el priísta de ayer y hoy.

Así, flota en el ambiente que quien podría emerger con la victoria podría ser el hoy candidato amoroso, López Obrador. Sí bien, todo son proclamas hacia la cordialidad y promesas de que los odios han sido enviados al baúl de los trebejos, la historia nos dice que esas solamente son posturas electoreras. Las prendas enviadas al cofre de los cachivaches siempre estarán ahí para volvérselas a calzar. Cada vez que algún candidato promete redimirse y de que todo será miel sobre hojuelas olvidando viejas posturas, nos viene a la mente los acontecimientos ocurridos en la Alemania de los años treinta inmersa en una crisis mayúscula. Entonces, un hombrecillo austriaco de nacimiento, portando minúsculo bigotillo, guardó, o dijo haberlo hecho, todos sus odios y se dedicó a venderles a los germanos promesas de que habría de sacarlos de la crisis. Ante la desesperación, banqueros, hombres de negocios, intelectuales, políticos, así como las masas le compraron el paquete y todos sabemos lo que sucedió después. Hoy, debemos reconocerlo, en torno al candidato amoroso se han reunido pacíficamente las tribus perredistas, algunos auto nombrados empresarios y otros con ligas familiares muy cercanas al primer dinero del mundo, “científicos” de dudosa trayectoria, políticos priístas de la vieja guardia y por supuesto el patriarca mayor del saltimbanquismo político. En ese entorno, los medios, se han dado a la tarea de dedicar espacios y ponderar de manera comedida las acciones del abanderado del muégano policromático. Quienes así actúan olvidan que existen facturas por cobrar y ésas se las pueden hacer efectivas, el ánimo de revancha ahí esta aun cuando lo quieran ignorar, pero tal vez todo se trate de una artimaña para encarecer la venta de espacios, nos hacía notar el priísta de ayer y hoy.

Mientras eso sucede con los tricolores y los policromáticos, las huestes albicelestes se hayan enfrascadas en una lucha en donde el lodo es poco para repartírselo. Ante el público, aparecen modositos atacándose con cordura, mientras que tras bambalinas no se bajan de patanes y mentecatos, según registran las grabaciones que escuchas no deseados se encargan de poner a la disposición de la audiencia en general. Antes eran celosos guardianes de que los dineros públicos no se desviaran para asuntos políticos, hoy que los poseen se dan gusto ofreciéndolos para torcer la votación a favor de uno de ellos. En ese contexto, mientras que han hecho de la deuda de otros su bandera, nos enteramos que la deuda gubernamental pasó de 2 billones de pesos (17.5% del Producto Interno Bruto) en 2007 a 4.8 billones de pesos (32.4% del Producto Interno Bruto) en 2011. Esta última cifra se divide en 3.2 billones de pesos de deuda interna, mientras que 113, 867 millones de dólares corresponden a pasivos externos. Eso sí, se vanaglorian de que las reservas monetarias andan alrededor de los 140 mil millones de dólares. Números grandiosos, mientras que por más que escudriñamos la obra pública brilla por su ausencia, excepto claro aquella que genera luz. En ese entorno, mañana por la noche nos han prometido que sabremos quién los abanderara para ir en pos de un tercer sexenio albiceleste, algo que nada bueno traería al país volvía a repetirnos, como nos los pronosticó hace doce años, el priísta de ayer y hoy.

Ésas son las reflexiones de un priísta de ayer y hoy quien, retirado de la política activa, ve con preocupación como el país que durante 70 años creció, se desarrolló y permitió a muchos como él lograr mejores condiciones de vida, hoy se encuentra en un proceso involutivo que ofrece un panorama poco grato.
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