Esta agudización del clima en nuestro país ha comenzado a causar severos trastornos sociales y económicos, y también, por supuesto, ya es un tema que se aupó, de facto, en los estribos del debatir político cotidiano.
Todavía siguen resintiéndose los trastornos de las heladas, sequías e inundaciones del 2011 y es hora en que este clima levantisco y violento ha comenzado a pretender hacer de las suyas, mediante la manifestación de lluvias borrascosas y las cada vez más ardientes y quemantes sequías, así como los fríos intensos que lo mismo se estacionan en lugares de alta concentración de contaminantes, que en vastas zonas cosecheras, calcinadas por el hielo con la misma terrible contundencia que si hubiera pasado por ahí el fuego.
Pero hay un escalón que no ha podido alcanzar esta nueva condición de vida a la que nos está llevando –con una gran vertiginosidad- el fenómeno climatológico: el de las leyes, que ya tendrían que estar en una rápida marcha evolutiva para alcanzar a las nuevas realidades que está alcanzando el país.
Si usted, lectora, lector, le preguntara a un diputado federal o a un senador cuál es el estado actual del proceso legislativo en materia climática, es de suponer que más de uno contestará que en las dos cámaras del Congreso General suman ya docenas de iniciativas de reformas de ley que buscan salir al paso del fenómeno climatológico en México.
Y que, incluso, a aquel manojo de iniciativas turnadas a comisiones se les agregarán esta semana cuando menos una docena más, que han aparecido en las agendas legislativas de reciente cuño. Evidentemente, no hay un solo partido político que –en el terreno de los posicionamientos y el discurso- no esté mirando hacia el fenómeno climatológico como un asunto que deberá ser incorporado con prioridad en el proceso legislativo mexicano. Los temas legislativos en torno del cambio climático son tan diversos como vastas han sido las consecuencias de las heladas, lluvias y sequías de los últimos tiempos. Verbigracia: temas como el de la conservación de bosques, mares, suelos, agua, subsuelo, contaminación. Y, por supuesto, el de la alimentación.
No hay semana en que todos esos temas no sean expresados en la tribuna como asuntos de la seguridad nacional. Sin embargo, es notorio que el debate está fragmentado y lejos de que se le encarrile debidamente en la anchurosa avenida de la concertación política, por donde tendría que marchar el cambio climático, y no por las veredas y atajos que proponen algunos diputados y senadores, muchas veces desde el terreno de lo individual, y no necesariamente con el respaldo del grupo parlamentario al que pertenecen.
¿Qué hace falta?
La velocidad con que el mundo se está enfrentando a nuevas condiciones de vida, ha hecho que en parlamentos y congresos de países que son azotados con rigor por la agudización del clima, ya miren hacia el proceso legislativo como una prioridad.
En México estarían sembradas las condiciones para que ocurriera una gran reforma al derecho positivo mexicano en materia de cambio climático. Una reforma que tuviera que incluir una revisión pormenorizada de la Constitución, al grado de que se pensara en la posibilidad de crear un capítulo en materia climática. Y de ahí pa´l real. Se tendrían que adecuar las leyes secundarias, reglamentos, bandos, etcétera, en todo el país.
Diputados y senadores se dejarían de estar proponiendo retazos de cambios jurídicos y se ganaría tiempo ante un fenómeno que avanza implacable, indefectible, feroz, con resultados imprevisibles a pesar de lo que ya hemos visto.
ESTRIBO
El Congreso de la Unión seguirá bregando esta semana en los temas del espionaje de que fue objeto la Cámara de Diputados, los 25 millones de pesos que la PGR retuvo al gobierno de Veracruz, los tres ex gobernadores tamaulipecos del PRI y en una sucesión presidencial que ya definió a los candidatos de los tres partidos políticos principales.
También, por supuesto, continuará el Congreso mexicano con su cauda de deficiencias en el ejercicio de las dos funciones esenciales que la Constitución le otorga: la de la construcción de las leyes y la del contrapeso o control político.
No hay una sesión ordinaria en que los opositores más picudos del Congreso se quejen de que las funciones de marras y las facultades están debilitadas, y que se requiere con urgencia –para el bien de la República- de reformas constitucionales y a la Ley Orgánica del Congreso General, con el propósito de que los diputados y senadores puedan realmente equilibrar el ejercicio –casi siempre desmecatado- del poder presidencial.
Sesión ordinaria hoy, en las dos Cámaras.
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