Infinidad de veces hemos escuchado a alguien decir que está haciendo uso de su “libertad” para expresarse; y lo afirma tomando en consideración su derecho; un derecho inviolable porque está contemplado en nuestra Carta Magna.

Sin embargo, nos hemos detenido por un momento a pensar, a meditar, a reflexionar ¿hasta dónde debo ejercer el derecho a expresarme sin dañar a terceros?

Seguramente no lo hacemos y por eso se derivan malos entendidos que pueden conducir al deterioro, o en caso extremo, al rompimiento de relaciones humanas.

Todos ejercemos nuestro derecho a expresarnos, a decir, a señalar; desafortunadamente se ha observado también, que se ha abusado peligrosamente de un valor tan importante como lo es la libertad.

Menciono, peligrosamente, porque cuando hay excesos, cuando falta un ingrediente fundamental en toda relación como lo es el respeto, se pone en riesgo la armonía.

Y eso es lo que ha estado sucediendo en la sociedad, en el país, en el mundo. El ser humano pareciera olvidar, o al menos, pretende olvidar –por conveniencia- que existe un valor elemental que debe cuidarse: el respeto a los demás, a las instituciones, al planeta…

El ser humano ha puesto en práctica -abusando- de la libertad, ya sea para expresar sus ideas, para actuar, para decidir, considerando que sólo importa él y sin sentir consideración alguna por los demás.

Lo que es peor, se escuda en “su” derecho a ejercer su libertad para actuar de manera irresponsable.
Tenemos por ejemplo: El hombre -ser humano- atenta contra la naturaleza sin medir consecuencias; “decide” talar bosques sin importar destruir lo que es considerado patrimonio de la humanidad, donde no debe haber un solo dueño, porque al fin y al cabo, Madre Natura, nos ofrece maravillosos regalos; sólo pide se cuide lo que ella generosamente nos da, para conservarlo para las futuras generaciones.

Flora y fauna en peligro de extinción por la acción irresponsable de personas que anteponen su ambición, sus deseos de tener, de poseer, a la sobrevivencia de nuestro planeta y sus habitantes. Tenemos a líderes mundiales convertidos en verdugos de la humanidad ejerciendo su poder y su libertad de decisión sin el menor recato a lo que hacen. Desatan el terror con explosiones nucleares, mismas que tarde o temprano tendrán consecuencias fatales para todos nosotros, sin importar en qué país nos encontremos.

Y qué decir de las campañas políticas; de la verborrea de algunos candidatos que destilan mentiras, engaños, denigrando al o a los contrincantes, solo porque se sienten amparados en su derecho a ejercer su libertad de expresión. ¡Ah! Pero eso sí; si se les responde, se sienten “ofendidos”.

Puede suceder también en las familias; padres permisivos que no ejercen control sobre sus hijos, tarde o temprano sufrirán las consecuencias por haber soltado las riendas. Demasiada libertad, puede hacer daño, si no se enseña a respetar; valores que deben aprenderse desde pequeños. Actualmente un gran número de accidentes suceden porque quizás los jóvenes no aprendieron a respetar ni señalamientos, ni velocidades, menos aun la vida propia o la de los demás.

Nacemos libres; pero hay que entender que la libertad es un regalo, un regalo para cada uno de nosotros. Importante es estar conscientes que desde el momento mismo de vivir en sociedad, todos compartimos espacios, mismos que debemos cuidar. Además, todos somos corresponsables de lo que sucede a nuestro alrededor.

Libertad y respeto, dos valores que hay que tener presente en nuestro comportamiento. Podemos ejercer nuestra libertad, con responsabilidad, siempre respetando el derecho de otros.

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