8 lecturas





No creo en el poder redentor de los libros. Ni siquiera sé si los libros hagan mejores a las personas. No sé de dónde procede o a qué vienen todas esas teorías seudopedagógicas que atribuyen a la lectura en general, sin más precisiones, la ambigua virtud de inculcar en el ser humano, en automático, quién sabe qué altos y preclaros valores.

Letra y fetiche

Concibo la defensa a ultranza del libro como otra máscara más del oscurantismo. Pocas cosas me aterran igual que las enfebrecidas legiones que ven en el libro un tótem, un fetiche sagrado, un objeto de culto. He contemplado asombrado cómo pintorescos personajes, a propósito de alguna olvidable presentación, a falta de mayores méritos, incluyen en su currículum el dudoso mote de “devoradores de libros” en una conmovedora ingenuidad cuantitativa y positivista. Porque no bastaría para iluminarnos sólo el “devorar” los libros, sino el masticarlos, digerirlos y asimilarlos; o por lo menos, aspirar a ser lectores de verdad, con Borges como arquetipo, quien sostuvo: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído.”

Los arboles no tienen la culpa

He visto a los libros transmitir ideas, conocimiento, extrañezas, valor, reflexión y belleza. Pero también divulgando estupidez, odio, prejuicios, ignorancia.

He visto a los libros encumbrar a los imbéciles, a los ambiciosos, darle reflectores a los necesitados de atención; vestir de una falsa cultura a los seres más impresentables. Como vehículos del fraude, la simulación y la vanidad más exacerbadas… ¿Cuántos libros merecen al menos la muerte de los árboles que propiciaron?

Protocolos

Me provocan risa y piedad los políticos e “intelectuales” seriamente preocupados por ampliar la vastedad de sus bibliotecas, comprando lomos y lomos de piel y letras doradas por metros cuadrados.

El peligro de los libros, no sólo está en lo demasiado evidente, en libros como Los Protocolos de los Sabios de Sion, inflamada diatriba antisemítica plagiada del “Dialogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”, del autor francés Maurice Joly, usada como argumento de odio lo mismo por la policía política rusa, el régimen nazi o la dictadura argentina; sino que la gente asuma que los libros por sí solos tienen un valor sagrado, que son más importantes que las personas, que oscuros signos en un papel blanco son un sustituto de la vida.

Bardo de las bardas

“Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre: el fuego, la humedad, los animales, el tiempo y su propio contenido.”

Paul Valéry
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