La Secretaría de Educación Pública y el Instituto Mexicano del Seguro Social firmaron esta semana que acaba de terminar, un convenio para promover el uso de anticonceptivos, incluyendo dotación de condones, entre los estudiantes de educación media superior.

Pero rauda y veloz, la Unión Nacional de Padres de Familia, en voz de su dirigente, Consuelo Mendoza, se manifestó en contra del tal reparto de preservativos a los jóvenes de bachillerato, porque considera que su entrega (de condones, no de los adolescentes al placer sexual) no soluciona los embarazos no deseados ni la transmisión de enfermedades sexuales, sosteniendo que la mejor práctica para combatir estos males son la abstinencia y la fidelidad.

La Secretaría de Educación Pública, en voz de su subsecretario de Educación Media Superior, Miguel Ángel Martínez, dijo que el convenio con el IMSS, que tiene vigencia hasta el 2012, es mucho más amplio que la salud sexual y reproductiva, pues incluye la nutrición, la prevención y el control de enfermedades. Por supuesto que, acto seguido, el temeroso secretario Lujambio negó rápidamente que se vayan a repartir condones en las escuelas, diciendo: “El programa es educativo, no hablo de distribución de nada en particular”.

En una encuesta anterior, al respecto de la educación sexual en la secundaria, de cada 100 personas que opinaron 65 consideraron que no se debía mantener la información sobre sexualidad en los libros de texto y 35 estuvieron conscientes de que era necesario que la escuela siguiera con sus proyectos de educación sexual.

A usted, madre de familia temerosa de esas cosas y afiliada a la Unión Nacional de Padres de Familia o alguna similar, que piensa que la mejor estrategia es el silencio para no despertar en los adolescentes la curiosidad por los genitales, le pregunto: ¿Sabía que ya hay estudios científicos serios que establecen, sin lugar a dudas, que la educación sexual puede retrasar la edad de inicio en el sexo, y que además baja mucho la tasa de embarazos no deseados y de contagio de infecciones que se trasmiten sexualmente y que es más eficiente si se imparte antes de la primera relación sexual, es decir, desde primaria? ¿Sabía que los progenitores, aun cuando quieren ayudar a sus hijos e hijas, siguen sin poder hablar abiertamente sobre sexo y que cuando lo hacen, no saben cómo responder muchas de las cuestiones que quieren saber sus hijos?

Los padres se sienten incompetentes para esa tarea y sus hijos e hijas se muestran avergonzados para abordar el tema con ellos, siendo más fácil que aborden sus inquietudes y dudas con especialistas y en las clases impartidas en la escuela.

Y en cuanto a los programas que se han basado en procurar que los adolescentes se comprometan a abstenerse de realizar actividades sexuales, como los llamados “Respeto sexual”, “Ayuda adolescente” y “No yo, no ahora”, subsidiados en los Estados Unidos con una gran cantidad de dólares ¿sabía que todos, hasta esta fecha, han fracasado?

La mejor vía para evitar el embarazo adolescente y bajar la tasa de contagio de infecciones de transmisión sexual es, sin duda, además de repartir anticonceptivos, una sólida política educativa sobre sexualidad que incluya educación para la vida familiar, salud sexual, desarrollo personal, aclaración de valores, respeto al sexo y conocimiento de la salud sexual humana, pero de ninguna manera ayuda proponer que se guarde silencio en un tema que es, ahora, no solamente de vida o muerte, sino la diferencia entre una vida plena o llena de angustias y fracasos.

Estimados miembros de la Unión Nacional de Padres de Familia: Vencer nuestro propio miedo al sexo, desmitificarlo, es la única verdadera solución para que podamos enseñar a nuestros hijos a ser felices el día de mañana. No les quiten la posibilidad de vivir porque ustedes no han podido vencer sus terrores internos.
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