En la noche del martes, en Torreón, una bala perdida disparada por un pandillero que peleaba en la calle contra otra pandilla rival, en la colonia Tierra y Libertad, encontró su lugar en el pecho de un niño de 13 años, que murió a consecuencia del disparo.

No es más que un daño colateral de la actual guerra contra el crimen organizado, pues hay una gran cantidad de armas de fuego en la calle.

Ciertamente, desde hace mucho tiempo existen pandillas rivales que se pelean por su territorio. Pero si antes la pelea se hacía a puño limpio, o con armas blancas, ahora se lleva a cabo con pistolas, en el mejor de los casos, y en el peor con armas de alto poder.

Son parte de los daños colaterales de la guerra en que estamos inmersos con o contra nuestra voluntad. Hace tiempo, el presidente Calderón dijo que, en esta guerra, era imposible evitar la muerte de inocentes, pero que no nos preocupáramos, porque sólo era el 10% de los casos.

El término Daño Colateral, utilizado por las fuerzas militares, significa “daño no intencional que afecta construcciones, equipos o personal, y que ocurre como resultado de acciones militares dirigidas contra blancos enemigos, como ser equipamiento o tropas. Este tipo de daño puede afectar a fuerzas amigas, neutrales o aun enemigas”. Pero en nuestra guerra actual el término amplió mucho su significado.

Ahora incluye más cosas: quiere decir cambios en la vida cotidiana de la población civil, en sus hábitos y costumbres, en sus horarios y diversiones. Cuando un ser querido sale a la calle, no se sabe si va a volver a la seguridad de su casa, que en ciertas regiones del país ya no es tanta.

Significa el aumento preocupante del desplazamiento de la población, que se sale del país o emigra de una región amagada por la violencia a una región más tranquila. En algunas ciudades los empleos se saturan de solicitudes de personas emigradas de las poblaciones conflictivas, que están quedando vacías por el terror.

Quiere decir alteración de la cultura regional, con símbolos, héroes, cantos y leyendas urbanas que van tomando fuerza conforme se asientan las imágenes de nuevos poderes sociales alternativos creados por el estado de permanente indefinición en el que se vive. Significa que muchas familias han sido estigmatizadas por algunos de sus miembros y han pasado a ser parias sociales, señalándose a las víctimas como participantes activos en uno u otro bando, con razón o sin ella.

Quiere decir que los enemigos se han vuelto cada vez más difusos, y que ahora cualquiera puede serlo. Lugares y oficios, así como quienes los ejercen, son señalados como potencialmente peligrosos. Significa que las pérdidas materiales que ocasiona a la sociedad civil se han vuelto irrecuperables. Bienes muebles e inmuebles adquiridos con gran esfuerzo son perdidos sin esperanza.

Quiere decir que la población ha entrado en un estado de angustia tal que ocasiona histeria, psicosis o depresión colectiva, ocasionando conductas límite y desequilibrios extremos que no se producirían en una situación normal. Significa que se ha ocasionado una ruptura significativa en la comunicación y la confianza entre la población civil y el estado de derecho, aumentando el círculo vicioso de la inseguridad social.

Quiere decir que las muertes civiles aumentan y los crímenes quedan sin castigo. Y, finalmente significa la pérdida de la paz social en la que, bien o mal estuvimos durante largos años. Permitir que los ciudadanos se armen con pistolas o rifles no es la alternativa para recuperar la paz, porque las calles se van a llenar de balas perdidas. Dijo Gandhi que si queremos ojo por ojo, todos nos vamos a quedar ciegos, y tenía razón.
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb