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Raymundo Riva Palacio
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01 Julio 2011 03:00:07
Los errores de Elba
Elba Esther Gordillo, presidenta vitalicia del magisterio, cometió un error inusual en ella. Este miércoles reveló el pacto político con Felipe Calderón durante la campaña presidencial en 2006, y confirmó lo que periodísticamente se develó en su momento. Los acuerdos secretos no se divulgan y ella lo sabe bien, por su acción de ruptura con el ex presidente Carlos Salinas porque éste contó sin su autorización los detalles de cuando en su casa se negoció el incremento al IVA para ayudar al ex presidente Vicente Fox en 2003. Hoy, se puso la soga en el cuello.

La maestra le dijo a Ciro Gómez Leyva cuando le preguntó este miércoles en una entrevista de radio porqué hasta ahora los daba a conocer, que nunca antes se lo habían preguntado. Es falso. Por años se negó Gordillo hablar en público de ese pacto, y siempre respondía que “todo a su tiempo”. Ese tiempo llegó, por la puerta de atrás. No lo decidió ella, sino fue empujada por el conflicto con el presidente Felipe Calderón y el temor a que la obligue a retirarse como dirigente sindical.

Gordillo jugó con la información y la dio fragmentada. El acuerdo con Calderón se dio sólo después de que la negociación para acercarse con el candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, fracasó. La Maestra buscó a un cercano a ambos, Manuel Camacho, para negociar una alianza con López Obrador. Durante varias semanas se trató el tema con el candidato, quien siempre fue reacio a ello. Palabras más, palabras menos, decía: si para ganar la Presidencia tengo que mancharme las manos con ella, prefiero no ganarla.

Las reuniones se prolongaron durante varias noches en la casa de González, en Bosques de las Lomas, donde se acordaron los apoyos magisteriales para vigilar las casillas electorales y el proselitismo político, que giró sobre dos ejes: la exitosa campaña de propaganda -ideada por el elbista Juan Cruz- de “dos de tres”, donde pedían dos votos para Nueva Alianza, el partido de la maestra, en las tres diferentes contiendas -presidencial, federal y local-, y la instrucción a los maestros de no votar por el candidato del PRI, Roberto Madrazo, y buscar una ruptura que se canalizara a Calderón. La estrategia fue exitosa. Madrazo tuvo seis puntos porcentuales menos que el PRI, y de cinco circunscripciones nacionales, Calderón ganó en dos y López Obrador se llevó las otras tres.

A cambio, Calderón le entregaría cargos públicos. La subsecretaría de Educación Pública iría para su yerno; la Administración Federal de Servicios Educativos en el Distrito Federal para Luis Enrique Sánchez; la Lotería Nacional para Yáñez; la Secretaría Ejecutiva del Sistema de Seguridad Pública para Roberto Campa, a quien utilizó como pieza de sacrificio como candidato presidencial en 2006; el ISSSTE para Miguel Ángel Yunes, que tuvo que conformarse con ese cargo por la oposición en el equipo de transición a un cargo en el gabinete legal. 

Quería que Tomás Ruiz, que había trabajado con ella el IVA a favor de Fox, fuera a Nafín, pero tampoco lo logró, y lo hizo presidente de Nueva Alianza. En este proceso no logró que Benjamín González Roaro entrara al gabinete ampliado, y lo mantuvo como diputado del PAN. Jiménez, que participó en la negociación con Mouriño, fue coordinador de la bancada de Nueva Alianza en San Lázaro.

Gordillo no detalló en su conferencia de prensa todos estos arreglos. Tampoco aclaró, aunque lo esbozó, cómo fue perdiendo capacidad de negociación con el Presidente. Cuando salió Campa, enfrentado con el secretario de Seguridad Pública Federal, Gordillo perdió ese cargo. Cuando salió Yunes del ISSSTE, Calderón vetó a su yerno para el cargo y ya ni siquiera quiso hablar con ella en diciembre pasado del relevo. Ella no quería a Jesús Villalobos como director, por responder a los intereses de Yunes, con quien rompió. Como la ignoraron, desató una embestida contra ambos, como sí reconoció ante la prensa.

Al caer Yáñez en la Lotería entró Jiménez, pero ya no como su pieza -lo había golpeado y degradado en Nueva Alianza-, sino como alfil del secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, con quien estableció buena amistad durante las negociaciones con Mouriño. Al salir Jiménez llegó González Roaro, pero tampoco puede decirse que fue por ella, sino por la relación profesional autónoma que estableció en el gobierno federal.

En la conferencia de prensa la maestra mostró más sus debilidades actuales que sus fortalezas. El temor a un quinazo en su contra ha estado en la cabeza de ella y sus asesores desde hace semanas, y han buscado hacer un control de daños a través de un acercamiento y cariñoso con el Presidente. La conferencia de prensa, sin embargo, fue un paso equívoco y tramposo.

La maestra no sólo estableció nuevos pactos contra el PAN, sino se ufanaba de ellos. Gozaba por lo que sentía una eficiente manipulación de sus viejos aliados, hasta que se acabó. En el momento en que el Presidente dio el manotazo en diciembre pasado, la correlación de fuerzas cambió. Se vio este miércoles. La maestra saltó para adelante, como siempre, pero a diferencia de muchas otras ocasiones, ya no para mostrar el músculo, sino la debilidad y el temor por su futuro mediato.


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