La Comisión, enseguida, me recomendó acudir a la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos Contra la Libertad de Expresión, a cuya cabeza se encuentra el Doctor Gustavo Salas, para dar los pormenores del caso y proceder conforme a derecho a sabiendas que los editores de Océano, para cubrirse, me obligaron a suscribir un “Addentum” con el compromiso de desistirme de cualquier acción penal a cambio de entregarme el original y los derechos de la obra citada. Lo que yo pretendía, a toda costa, es que el texto no muriera por la afrenta de unos torpes censores con mentalidad fascista en los tiempos de la supuesta democracia de la derecha. Y no resalieron con la suya: El libro citado ya circula –no sin graves dificultades-, y hay un creciente interés público en adquirirlo. Así responden la ciudadanía y, sobre todo, los lectores mexicanos, a los intentos burdos del gobierno por silenciar a los escritores críticos.
A partir de entonces, no han cesado los amagos de los que he informado a la Fiscalía: La intervención de mis teléfonos es evidente y además los hackers, me supongo al servicio de los afectados por mis señalamientos irrefutables, han hecho de las suyas bloqueando todos mis accesos a internet, mis cuentas de Facebook y Skype, además, recientemente, las de Hotmail y Yahoo. Todo. Tal me ha significado, además de una tremenda pérdida de tiempo, los consiguientes retrasos y dificultades para ejercerme trabajo periodístico porque, para mi desgracia, los invasores cibernéticos van mucho más rápido que mis pobres reacciones. Además, por si fuera poco, algunas críticas al uso irresponsable del twitter, han sido pretexto para que, desde el anonimato vil, se me injurie y descalifique por, supuestamente, pretender atentar contra la libertad de expresión, el valor que más he defendido a través de mi azarosa carrera. Sencillamente absurdo.
Hace unos días, el pasado lunes 21 de noviembre, pese a ser día festivo, acudí a la Fiscalía mencionada con el propósito de poner al día a quienes realizan las pesquisas derivadas del caso. Y me encontré con un grupo de peritos en materia cibernética quienes apenas pudieron encontrar algún rastro sobre amenazas recibidas –incluso de algunos twiteros y antitaurinos descocados que tergiversan los valores de la naturaleza y el círculo vital de la misma-, acaso como un calculado efecto distractor para ampliar la nómina de los supuestos “afectados” por mis comentarios y no concentrarse en los elementos de la política puestos en el aparador. Para este fin, permití que se abrieran mis cuentas personales y se rastrearan los mensajes infamantes y amenazadores. Yo no fue si resultó peor el remedio que la enfermedad... pero, desde luego, era el único camino legal que me quedaba para intentar frenar la oleada de afrentas.
El hecho es que los mayores bloqueos comenzaron tras mi participación en la FIL de Guadalajara, misma que fue silenciada por los medios sospechosamente aun cuando el auditorio Elías Nandino, en donde me presenté el día de la inauguración, estaba lleno y con un público fiel y solidario, como muestra palpable del vacío pretendido para aislar de la opinión pública, hasta donde sea posible, el contenido de la polémica obra que arranca en Xibalbá, la gran casa de los mayas, es decir Los Pinos, en donde las adicciones deben permanecer en secreto. Tal es el quid de la cuestión, pero no el único. Y fue a mi retorno a México, el domingo 27, cuando pudo percatarme de que, ahora sí, no me habían dejado ni el menor resquicio para poder comunicarme a través de mis correos electrónicos normales. Así se vive la libertad de expresión en los tiempos de la derecha y su proverbial círculo rojo.
Insisto: ni siquiera bajo el mando de Carlos Salinas, en la década de los noventa, con fama de autoritario e interventor en las vidas ajenas, se dieron contra mí presiones semejantes aun cuando, acaso, los señalamientos contra este personaje eran de similar calibre a los que ahora hago. O incluso peores, por cuanto a la irreflexiva juventud. Tampoco bajo la gestión de Miguel de la Madrid, el sexenio en el que más muertes violentas se acumularon contra periodistas –dolorosamente, con la inclusión de la de mi padre, Carlos Loret de Mola Mediz, vanguardista en el género de la crítica política-, se llegaron a dar escándalos como los que ahora se sufren, todos los días, incluyendo muertes y desapariciones alevosas de colegas valerosos, entre ataques con granadas a las redacciones y dantescos homicidios. De hecho, el “récord” delamadridiano en cuanto a crímenes ya es muy semejante. Y a Calderón le falta un año de gestión.
Tales son los hechos sucintos. Por desgracia, de muy poco han servido las gestiones realizadas a pesar de la estupenda atención recibida en la CNDH, sobre todo, y en la Fiscalía creada ex professo ante el alud de quejas y agravios contra informadores. Pero lo trascendente no son las denuncias... sino los resultados. Porque si no llegamos a éstos, sencillamente la bola de tierra del alud de la censura acabará por cubrirnos a todos. Tarde o temprano.
Debate
Vuelvo sobre el tema de los twiteros, cada vez más intransigentes, porque suponen que cuentan un arma –desde el anonimato los más radicales- que escapa de los controles del gobierno en apariencia; y, por lo tanto, consideran que, bajo todas las circunstancias, sus espacios no deben ser “invadidos” porque son los únicos en donde se respira la libertad absoluta... aunque con ello se afecten derechos de terceros o se cause una alarma pública de consecuencias imprevisibles. Éste es el verdadero peligro.
No me imagino cÓmo puedan funcionar las llamadas “redes sociales” el día de la jornada electoral venidera –el primero de julio-, en una nación en una perspectiva de verdadera emergencia. Es obvio que, desde las mismas, se puede desalentar a los votantes –lo que resulta siempre favorable a la continuidad política-, o incluso lanzar amenazas en cadena como las que han propiciado una especie de estado de sitio en diversas entidades del país que han sido utilizadas como “conejillos de Indias”, Puebla, Guerrero y Veracruz entre ellas.
De igual manera, no son pocas las familias afectadas por amenazas ruines que les causan estragos en su vida cotidiana o les restan tal seguridad que terminan, como ya sucede con algún gobernador incluso, mudándose hacia el extranjero en ausencia de garantías y bajo el flagelo del terror. Los demagogos, buscadores de sufragios nada más, no le quieren entrar al toro. Tampoco aquellos legisladores en plan de sumarse a sus respectivas “cargadas” sin percatarse de que se está creando un verdadero monstruo que podría ser devastador en julio próximo. Imagínense si en las tales “redes” se hace circulas la versión acerca de que las boletas contienen ántrax o cualquier otro veneno, capaz de finiquitar a los votantes. Pocos serían quienes ignoraran los mensajes y se acercaran a las urnas... para beneficio, repito, de cuantos apuestan por la continuidad política. Para eso sirven los socorridos expertos en marketing político de importación. Para inventarse campañas como las del “peligro para México” o lanzar pedradas contra la conciencia general. Y luego los premian con la nacionalidad mexicana para blindarlos contra cualquier acusación que los exhiba como extranjeros non gratos. Así trabaja la derecha.
La Anécdota
María de Jesús Bravo (periodista) y Gilberto Martínez (maestro), en Veracruz, lanzaron diecisiete mensajes a través de sus respectivos Twitter avisando, entre otras cosas, que algunas escuelas estaban siendo ametralladas, desde el aire, por helicópteros de origen desconocido. La reacción fue brutal: hubo accidentes en las calles adyacentes, pánico y hasta algunos heridos: una señora, fuera de sí, se golpeó con el cristal de su casa al pretender salir precipitadamente de ella. Sus lesiones fueron muy serias. Pregunto, ¿esta conducta amoral no puede tipificarse como delito?
Pues sí: el Código Penal de Veracruz contempla penas para quienes provoquen pánico o amedrenten y amenacen. Pese a ello,un juez determinó que no podría considerarse el hecho como un acto de terrorismo sino sólo de irresponsabilidad... a pesar de los evidentes daños cometidos. Es hora de iniciar el debate al respecto antes de que “el destino nos alcance”.
YA NO ESCRIBÍ MI CORREO ELECTRÓNICO POR OBVIAS RAZONES.
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