Ahora el mundo ha avanzado todavía más. En Saltillo, ciudad culta otrora llamada la “Atenas de México”, a los grupos de homosexuales solamente se les persigue y agrede en la Plaza de Armas o se les exige que no profesen activamente el rito católico si es que siguen aceptando su opción sexual diferente. Si estuviésemos en la Edad Media, seguro que no se escaparían ni del potro ni de la hoguera. Y los primeros sacrificados tendrían que ser los integrantes de la Asociación llamada “San Elredo”, seguidores del cisterciense abad de Rievaulx, escocés del siglo 12 cuyos escritos muestran evidencia de sus preferencias sexuales y que fue santificado por la Iglesia católica.
¡Qué difícil es aceptar que todos los seres humanos somos iguales y distintos a la vez! Todos nacemos con características similares, pero nunca iguales. En abril de 2003, el “Proyecto Genoma Humano” fue capaz de secuenciar todo el ADN en nuestro genoma, para descubrir que está integrado por 25 mil genes que codifican proteínas. Este proyecto internacional fue fundado en 1990 y finalizado en 2003, localizándose la codificación exacta de los genes que conforman al ser humano y encontrando que todos tenemos una secuencia semejante, pero que el genoma de cualquier persona, excepto en los gemelos idénticos, es distinto, es único.
Aun con estos datos duros, todavía hay gente que quiere que todos pensemos igual, que actuemos igual y que tengamos los mismos gustos. Hay en el amor una gran variedad de preferencias y esta multiplicidad hace que las personas decidan de manera diferente el objeto de amor que los complace y con quien quieren probar la felicidad. Y como todos somos diferentes, la fuente de la felicidad es distinta en cada uno.
Esto, que es lógico y entendible, no parece ser aplicable a las personas que han optado por una alternativa personal distinta para ejercer su sexualidad, cuando esta sexualidad es conflictiva para una parte de la sociedad tradicionalista que piensa que lo diferente es dañino para la moral y las buenas costumbres y que la única forma de complementarse es la unión de dos personas del sexo opuesto. Y aún más: sienten que si las instituciones, civiles o religiosas, siguen permitiendo las uniones diferentes, toda la sociedad va a entrar en una situación de caos que acabará por destruirla.
Las personas que han optado por la alternativa homosexual no solamente son vistas por muchos como enemigos de la sociedad, sino que además se les quiere quitar la posibilidad del consuelo que les pueda brindar la religión, la certeza del apoyo divino y el descanso que puede dar el ejercer el rito de acercamiento a la divinidad. Si se es homosexual, asumido como tal con todas sus manifestaciones, las puertas del cielo, o por lo menos las de la iglesia, se deberán cerrar para ellos. Afirman que si alguien piensa lo contrario debe estar equivocado. Y no podemos más que decir que pobre del pobre homosexual que al cielo no va, porque es discriminado aquí y es discriminado allá.
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