Regalar es entregar un don, una gracia y es en Navidad cuando más disfrutamos brindar a los demás las dádivas, las ofrendas que muestren nuestro respeto y nuestro afecto a las personas que consideramos especiales en esta vida. A niñas y niños, nuestras personas esenciales, les regalamos juguetes, porque un don no sólo implica la dádiva o el regalo, sino la habilidad especial para hacer una cosa, y si algo saben hacer los niños es jugar. El juego es la vía por la cual el niño, de manera natural, fácil y espontánea, aprende. Cualquier tipo de juguete que se le haya regalado le va a producir aprendizajes, unos más significativos que otros, pero todos gozosos. Si al niño le decimos “No juegues”, le estamos diciendo al mismo tiempo: “No aprendas”. Por tanto, el regalo debe ser placentero, útil, divertido y durable.
Regalamos juguetes a los hijos porque es la manera más adecuada para ellos de demostrarles que los queremos, de forma concreta y deleitable. Tal vez si les regalásemos ropa sería más útil, pero los niños no desean lo útil, sino lo divertido. Porque la forma como ellos aprenden es divirtiéndose, jugando y usted se va a preguntar cuales les van a gustar más, cuáles son los más convenientes y entretenidos y cuáles son los más educativos, los que desarrollan la inteligencia y la creatividad del pequeño.
Muchos tipos de juguetes van a estar disponibles este diciembre, y seguramente usted va a preguntarse cuáles son los más educativos. Y es posible que también se vaya a preocupar por su duración, por si podrá jugar bien con el objeto, si será o no peligroso y qué tanto puede, ese juguete, desarrollar la inteligencia y la creatividad del pequeño.
Es muy difícil confeccionar una lista de los mejores juguetes, porque los pequeños los disfrutan de cualquier tipo y todos son necesarios para su formación intelectual, pues educan tanto el pensamiento convergente como el divergente, y ambos tipos de pensamiento son indispensables para el desarrollo de la inteligencia. Pero aquellos que hay que evitar son los tienen que ver con la violencia, desde las sencillas pistolitas hasta algunos elaborados videojuegos. Hay ahora un importante movimiento que se ha opuesto activamente a los juguetes bélicos. Es mejor que los niños reciban de regalo objetos que desarrollen el intelecto o que perfeccionen las relaciones sociales, y aun cuando no es cierto que la violencia actual sea el resultado del uso infantil de estos artefactos, al regalárselos les estemos diciendo que nos parece bien que la gente arregle sus problemas con ellos, y por lo tanto la guerra y la violencia son adecuadas como solución a los problemas.
El niño necesita también que nos interesemos en ver cómo los utiliza, cómo juega con ellos, cómo forma el universo lúdico en donde va descubriendo y reconstruyendo la realidad. Pero lo que el niño no necesita es que lo regañemos porque está jugando demasiado tiempo o porque no juega aún con él. Los niños tienen tiempos y formas de aprender y disfrutar el aprendizaje que los adultos, por desgracia, hemos olvidado. Con un juguete y nuestro interés en ellos, hacemos felices a nuestros hijos para que puedan saber que es la felicidad y luego la busquen por sí mismos.
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