En las elecciones federales de medio término, el PRI puso férreo control al discurso de los candidatos: No podían criticar al Presidente de la República, al Ejército ni a la Iglesia.
Muchas cosas han pasado en México desde los años 80. Se han reacomodado las fuerzas políticas, han migrado los vicios priístas al PAN y al PRD, los medios ganaron espacios de libertad nunca imaginados; y la libertad de expresión halló cauces gigantescos en las redes sociales.
Sin embargo, aquella triple prohibición bien podría reeditarse para los candidatos no solo priístas en este año.
Ante un presidente cuestionado, aferrado en su partidismo, los adversarios internos y externos de Felipe Calderón ya no quieren lastimar la investidura, ni disminuir más la figura presidencial.
El Ejército, que en los años de De la Madrid aún cargaba con el sambenito de la guerra sucia de una década anterior, hoy disfruta de un prestigio restaurado; y es francamente intocable.
En cuanto a la iglesia católica, en plena campaña electoral habrá visita papal y será capitalizada políticamente por el ala más radical del panismo, sin que los priístas puedan o quieran censurar esa manipulación de la fe, que ellos hicieron con Juan Pablo II.
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