¿En dónde están estos “comienzos”? La existencia perfeccionada, que se realizará en la vida futura, es la existencia “glorificada”, con Jesucristo glorificado, con los redimidos, (que son la imagen de este Jesucristo glorificado, Rom. 8, 29-30), con el nuevo universo, que también, por su parte, estará plasmado sobre la imagen de Cristo y los redimidos.
Decir que la última fase de los tiempos ya está presente, quiere decir que, la futura glorificación se encuentra ya “en sus comienzos”. Ahora bien, estos comienzos se realizan por medio de la “Gracia de Dios”, y existen donde esté presente esta Gracia con su proceso transformador.
Pero, por medio de la Gracia, se encuentra inicialmente glorificada, no solamente el alma del hombre, sino también su cuerpo. Inclusive, la Naturaleza se encuentra ya misteriosamente “asumida”, por la Resurrección de Cristo, en el proceso de esta glorificación inicial, en razón de aquella íntima unión del hombre con todo lo creado.
La fuerza central de la vida de la Gracia es el Amor: el Amor de Dios, del prójimo y del mundo, en su concreta acción transformadora.
En la vida contemplativa y en el celibato (que algunos consideran como la única “anticipación” de la vida futura), los “últimos tiempos” ya están presentes en la medida en que esta vida contemplativa y el celibato han sido penetrados por la Gracia, y en cuanto, por medio de esta Gracia son asumidos en el proceso de “glorificación”.
Sin embargo, la Gracia y este proceso glorificador no comprenden solamente el celibato y el elemento contemplativo de la vida cristiana, sino también comprenden la vida activa y el matrimonio. Por este motivo tanto la vida activa como el matrimonio, (vividos en estado de Gracia), son también “anticipaciones de la vida futura”.
Dados los límites de este artículo no es posible mostrar detalladamente el comienzo histórico y el desarrollo de la visión de la vida futura y de su anticipación en la vida presente.
Hay algo que ha limitado el modo de entender estas cosas, que es la manera de interpretar el siguiente texto del Evangelio: “En el día de la resurrección de los muertos, ni los hombres tomarán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles en el cielo” (Mt. 22, 30).
El hecho de llegar a ser “semejantes a los ángeles”, no consistirá en la ausencia de los órganos de los sentidos y del cuerpo humano, como se llegó a imaginar antiguamente.
Las palabras de Jesús van en otra dirección: la resurrección significa un modo completamente diferente de ser. En este nuevo modo, como sucede en la existencia de los ángeles, (y es aquí donde se encuentra la semejanza con ellos), no existe la vida que siga el curso del tiempo terreno.
La “vida futura” no se desarrollará como en el tiempo presente, esto es, en la otra vida no existirá la alternancia de las generaciones, y por lo tanto no habrá ni matrimonio ni procreación.
Se trata de un “nuevo modo de ser”, se trata de la glorificación en la que no se verán las formas terrenas de la vida. La característica “de los últimos tiempos” es la glorificación.
De la misma manera que los ángeles son “asumidos” en un modo de ser ultraterreno, ya glorificado, así también serán “asumidos”, en esta nueva forma de ser, los seres humanos resucitados.
Sin embargo, mientras que la glorificación del mundo futuro se lleva a cabo sin la alternancia de las generaciones, los comienzos de esta glorificación en el mundo presente están ya integrados en los cambios de la existencia terrena, y, por lo tanto, también en la vida conyugal.
En la medida en que la vida terrena es fecundada por la Gracia y el Amor de Dios, (y por lo tanto por los comienzos de la glorificación), también ella, ya no pertenece a la “figura” de este mundo que pasa. (1 Cor. 7, 31).
Porque el estado de Gracia es “el comienzo de la vida futura inmortal”, y “el Amor de Dios no pasa nunca”. (1 Cor. 13, 8).
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