Lucía.
Yo de tres, y ella quizás de 12 ó 13.
¿PUEDE ENAMORARSE UN NIÑO DE esa edad? NO QUIERO ESCUCHAR DISERTACIONES SICOLÓGICAS, pero estoy seguro de que estaba enamorado de Lucía.
¿QUÉ HACÍA ELLA EN MI casa?… no lo recuerdo.
NO ERA MI PARIENTE, NO era mi vecina… ¿qué hacía ella en mis dominios? MÁS ALLÁ DE SUS FUNCIONES o de mis aficiones a mirarla durante largos minutos, sin decir una palabra… Lucía estaba allí para hacerme feliz.
PELO CORTITO… COMO SU FALDA sesentera.
SÍ, LO CONFIESO, PARA ENTONCES a un niño de tres años, esas piernas no le pasaban inadvertidas… ¿qué quiere usted? UNO SE ENAMORA, PERO ADEMÁS disfruta la belleza.
PERO LUCÍA ERA ALGO MÁS…
LUCÍA ERA LA RAZÓN PRIMORDIAL para levantarme cada mañana, para asomarme por la ventana, para buscarla con afán.
YO ESTOY SEGURO QUE PODÍA pronunciar su nombre con toda claridad, así lo registra mi recuerdo.
Y LA REGISTRA IGUAL A ella, con esa sonrisa llena de picardía que se acercaba para darme un beso en la mejilla…
¡un beso! ¿POR QUÉ LA AMABA?
DESDE ENTONCES COMPRENDÍ QUE EL amor no tiene una razón lógica, ni un vertedero identificado con toda claridad.
LUCÍA ERA UNA MANERA DE andar…
ERAN LOS PIES DESCALZOS QUE devoraban las distancias… eran las manos que ataron los cordones del zapato de hule.
LUCÍA ERA TODO…
Y MI AMOR ERA SILENCIOSO, totalmente silencioso.
EN LAS NOCHES, NO SÉ si todavía esto quepa en la normalidad de un niño de tres años… en esas noches de inquietud tropical, Lucía apareció muchas veces en el sueño.
CON LA TIBIEZA DE SU cuerpo que cobijaba generosa mis fríos.
¿LA DESEABA?
NO ERA PARA TANTO.
NO, DEFINITIVAMENTE… EL AMOR, QUE se perdía en sus piernas y que se detuvo mucho tiempo a contemplar su talle… ese amor no iba más allá.
NUNCA FUE HACIA LO QUE por entonces era en total desconocido.
SÍ…
ELLA ERA MI RAZÓN, MI pretexto, mi explicación profunda y detenida.
TANTO LE AMÉ QUE ME parecía la mujer más hermosa que esta tierra hubiese producido alguna vez.
ALLÍ DEBIÓ QUEDARSE…
CUANDO LUCÍA SE FUE, DEBÍ marcharme yo también.
PORQUE ESTE SUEÑO QUE MANTUVE a buen resguardo mucho tiempo, se derrumbó ocho años después.
MI MADRE ME LLAMÓ…
CON UNA GRAN SONRISA ME llevó hasta el patio…
-¿TE ACUERDAS DE LUCÍA? ALLÍ ESTABA ELLA… ESTABA ESA voz…
“A VER… ¿EN DÓNDE ESTÁ mi novio?” ME QUEDÉ PETRIFICADO… ¿LUCÍA?… ¡NO, por favor!…
LUCÍA, MI LUCÍA, TENÍA LA sonrisa más esplendorosa… tenía esa expresión dulce…
¡POR FAVOR!
¿LUCÍA?… ¿ESTA FLACUCHA DE DIENTES enormes?… ¿esta del rostro lleno de manchas de acné?
ERA UNA MALA BROMA, SIN duda…
MI MADRE SOLUCIONÓ EL ASUNTO…
“NO, YA NO SE ACUERDA”…
Y LUCÍA SONRIÓ LÁNGUIDA ANTES de pasar la mano por mi rostro, darse la vuelta y seguir platicando con mi madre.
.(JavaScript must be enabled to view this email address)
| Comparte ese artículo: |
|



