En Educación, reaccionamos como los meros machos.

Esto es: celosos de la honra pero descuidados para el gasto.

Nos quejamos del retraso en el aprovechamiento de los escolares.

Nos deleitamos con el placer inicuo de reprobar todo lo que pasa en las aulas.

Pero nada hacemos para reparar los miles de escuelas desvencijadas.

No nos conmueve que suman millones los escolares con hambre.

Rehusamos ayudar al maestro a educar y corregir a nuestros hijos.

Saboteamos así el futuro de la patria; y buscamos a quién echarle la culpa.

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