×
Dalia Reyes
Dalia Reyes
ver +
Comentarios a: [email protected]

" Comentar Imprimir
15 Noviembre 2016 04:00:00
Mala bien buena
Invertí parte de mi adolescencia en comprender una aseveración hecha por mis hermanos respecto de las villanas en las telenovelas: “Esa es una mala bien buena”, decían.

Mi transición filosófica me llevó a pensar, primero, que se referían a la actriz y no al personaje, pues cuando las entrevistaba una Paty Chapoy como de 30 años, no parecían hacer daño a nadie. Más adelante supuse circunstancias más profundas referentes a la esencia humana; me dije entonces que mis reflexivos hermanos habían descubierto que, en el fondo, las villanas tenían una esencia prístina, pero la vida las hizo así, rebeldes y mañosonas. Ahora lo sé todo: Las malas no son tales; la maldad radica en los nombres y no en ellas, inocentes mías.

Dicen que estamos hechos de palabras, y no tanto de las nuestras como de aquellas puestas por los demás en nosotros. De muchas maneras, subrepticiamente sobre todo, la televisión va dibujando y desdibujando a las personas según se refieren a ellas. El caso de las buenas y las malas en los culebrones es un ejemplo muy ad hoc.

Es innecesario recordar que las telenovelas tratan de amor, por siempre de los siempre. Ahí ha de haber buenos y malos; ricos y pobres; blancos y morenos; delgados y llenitos. El director se las arregla para, desde el primer capítulo, dejar claro quién es quién; como el dinero, el peso y el color es fácil mostrar, no tienen tanto problema con ellos; respecto del primer par, se encargan los diálogos.

Las malas tienen personajes extrovertidos; visten con estilo definitivo y pertenecen a círculos sociales en donde son ampliamente aceptadas. Las buenas empiezan grises, medio calladas y con pocos defensores por si se ofrece.

En el plano de las relaciones, las malas tienen sexo y las buenas hacen el amor. La diferencia radica en la esencia de ese bonito sentimiento que a unas las lleva a tener relaciones con el chico equivocado y a las otras también.

Las mala son una interesadas que siempre andan tras el dinero, la posición, el auto y las nachas del protagonistas; en cambio, las buenas están enamoradas de ese ser angelical que es el chico, y de sus nachas también.

El ejemplo contundente es posterior a las relaciones y las nachas: Las malas se embarazan y las buenas están esperando un hijo. ¿Se fijan la enorme diferencia? El embarazo es una consecuencia natural del ayuntamiento, pero lo otro, es la materialización de la mejor promesa que el supremo divino ha hecho a la mujer y se las concede justo cuando el chico es todo un ayuntamiento.

.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)

" Comentar Imprimir


COMENTARIOS


columnistas

top-add