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Guadalupe Loaeza
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14 Octubre 2014 03:00:05
Manuel Méndez
Entre la colección de fotografías de mujeres célebres que había en casa de Manuel Méndez (1930-2014), tal vez la que más lo enorgullecía era la de su amiga Dolores del Río. Sin haber conocido nunca la foto, imagino a la actriz al lado del primer diseñador mexicano. A ella, la veo sonriente, con sus ojos enormes, vestida con un traje sastre de color rosa muy pálido. El Balenciaga mexicano, como era conocido Manuel Méndez, era experto en el corte de los trajes sastres. La caída de los sacos era inconfundible. También le quedaban de maravilla a María Félix, a Silvia Pinal, a Maricruz Olivier, a Ofelia Medina, a algunas primeras damas como la señora De la Madrid.

Nada más pisar suelo mexicano, muchas esposas de embajadores de Europa se dirigían ya sea a Salón Internacional de El Palacio de Hierro o al taller de Manuel Méndez, que mantuvo muchos años en la Zona Rosa. Muchas de sus clientas también eran las señoras de la burguesía, las cuales se ufanaban que eran vestidas por “el padre de la moda mexicana” aunque su traje sastre o vestido largo pareciera diseñado por Givenchy o por Gerard Pipart de Nina Ricci. “¿No está divino? Me lo hizo Manuel Méndez. Eso sí, con telas de importación”, comentaban cada vez que les elogiaban su atuendo. Una de sus clientas más leales era Beatriz de Saboya, princesa de Italia, la hija más joven del último rey reinante de Italia, Humberto II y de su esposa María José de Bélgica. En una ocasión la encontré en una fiesta en Cuernavaca. Llevaba un vestido blanco con pequeños holanes en el cuello. Le dije que su vestido estaba precioso. “Es de Manuel Méndez. Solamente él tiene un arte muy especial para las escarolas”, me dijo con su ligero acento italiano tan característico.

Nunca entendí por qué Manuel Méndez era tan modesto si desde 1969 era el diseñador exclusivo de El Palacio de Hierro, el primero en tener su propia colección con 55 piezas, el primero en viajar a París con una colección inspirada en México y el primero en presentar sus modelos en las pasarelas de Washington, Nueva York y Londres. Con esa misma modestia, a lo largo de su trayectoria, Manuel Méndez recibió más de 20 medallas como diseñador, dos premios OMNI, un reconocimiento por parte del Hispanic Designers, junto con Carolina Herrera y Oscar de la Renta y la Estrella de Plata en 1999. “Se les conocía como las 3M de la moda, Méndez, Martínez y Matouk porque eran los diseñadores que dominaban el panorama de la moda en los 70, adaptando los gustos europeos a las señoras de sociedad y estrellas de cine”, comentó Ricardo Reyes. Pero lo que menos entendía era el abandono en que el gran diseñador mexicano vivió sus últimos años. Cada vez que preguntaba por él, me decían lo mismo, está muy solo y muy pobre.

En el mes de mayo de 2009, en estas páginas me enteré de que: “Tristemente, les informo que las condiciones de salud en que se encuentra nuestro querido y admirado Manuel Méndez, son muy delicadas. De hecho, es muy penoso que al final del camino y después de una carrera tan brillante no pueda gozar de un presente por lo menos tranquilo y con la atención médica necesaria por falta de medios económicos”. Manuel Méndez necesitaba 40 mil pesos para una operación de una hernia que padecía y lo hacía sufrir desde muchos años atrás: “si todos aportamos algo será más fácil reunir la cantidad que el hospital solicita y darle un mejor estado de salud a nuestro querido y entrañable amigo”.

Ignoro si se reunió la cantidad que se requería para la intervención quirúrgica de Manuel Méndez. Quiero suponer que sí, ya que después de la operación vivió todavía cinco años más. Lo que no me quiero imaginar es el estado de soledad y de penurias económicas en que el diseñador ha de haber muerto a los 84 años el pasado 22 de septiembre. Sé que lo cuidaba un sobrino suyo, quien por cierto se encuentra terminando un libro que el modisto empezó a escribir hace algún tiempo. “Todos los que nos dedicamos a la moda en México le debemos mucho y tenemos la obligación de recordar y preservar su legado”, dijo la diseñadora Blanca Estela Sánchez.

A pesar de su éxito lo que nunca logró Manuel Méndez fue una línea pret a porter. Nunca logró su sueño dorado, es decir, exportar. Y nunca logró que se conservaran algunas piezas de sus más famosas colecciones, como ejemplo de su estilo elegante y sumamente sofisticado.
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