En un lance heroico, Rodrigo anunció que se oponía al aumento inverosímil del 50 por ciento a las tarifas camioneras que , supuestamente, recomendaba el Consejo del Transporte.
Pero los consejeros sabían, desde semanas antes, que sus expertos apuntaban como posible y tolerable un incremento de sólo el 4 por ciento.
“AlguiEn”, sin embargo, elaboró un documento supuestamente confidencial, con la propuesta del 50 por ciento; y la filtró al periódico más escandaloso.
Se tragaron el anzuelo, pusieron el grito en el cielo y hasta acuñaron un término despectivo para manejar la crisis: El “Camionazo”.
El efecto fue el esperado: Los usuarios estallaron en cólera, las cámaras y otras organizaciones clamaron contra el despropósito.
Los consejeros y directivos de la Agencia del Transporte guardaron silencio mientras en palacio se preparaba el clímax dramático: El rechazo rotundo del gobernador a decretar el aumento “pedido” por el consejo .
Al siguiente día, los spots de televisión autoadulaban el gesto valeroso del gobernador. Y la encuestadora de casa realizaba una “push poll” para preguntar a los regiomontanos si sabían de la atinada decisión de Medina.
Por quince segundos de fama, quemaron la credibilidad del funcionario.
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