Ya tenemos un compatriota que trabajará en el equipo de transición de Obama, el presidente electo de la aún hoy nación más poderosa del mundo: Mario José Molina Henríquez. Fue nombrado codirector de Programas para la Política de Ciencia y de Tecnología, lo que le permite tener entre sus manos un relativo control del futuro desarrollo de la ciencia mundial.

¿Y cual es el interés de la noticia? No es ni futbolista, no es artista ni político. Nadie sabe muy bien a que se dedica ni cuales son sus méritos. No alinea con el Santos Laguna ni habla en pro o en contra del presidente legítimo, ni se le ocurriría regalarle parte de su sueldo para mantener su república de juguete.

Mario Molina es científico. Tal vez uno de los mas respetados científicos mexicanos de todos los tiempos. Es un Ingeniero Químico mexicano graduado de la UNAM, doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts e interesado en los problemas del medio ambiente. A tal grado, que fue uno de los primeros científicos en alertar acerca del peligro que representan para la capa de ozono los clorofluorocarbonos utilizados en los aerosoles de todo tipo. Y en 1995 recibió el Premio Nobel de Química, premios éstos que son el reconocimiento mayor al que un científico puede aspirar.

Es interesante comentar que estudió la primaria en la ciudad de México. Y eso hace preguntarnos si puede nuestra educación primaria preparar científicos de esa talla o éste fue un garbanzo de a libra.

Tal vez haya sido mas mérito individual que producto de nuestra educación básica, porque según el resultado de las pruebas PISA que tienen que ver con la ciencia, nos muestran que en nuestro país no hay aun cultura científica. En la escuela la ciencia se aprende mal y sin mucha dirección.

Y si no tenemos cultura científica pueden pasar por lo menos tres cosas: No vamos a avanzar como nación, porque en la actual sociedad del conocimiento, el saber rentable se traduce en patentes, y estas fueron consecuencia de una sólida preparación en investigación científica y desarrollo tecnológico. En segundo lugar, no vamos a distinguir el grano de la paja en nuestra vida diaria. Vamos a ser candidatos permanentes de estafas de todo tipo, a cual mas desatinadas e increíbles como las de los aparatos de magnetización del agua, las curaciones increíbles de la niña de paredón o los engaños del niño Betito. ¿O ya se nos olvidó la increíble hazaña de Madame Nicol? fraudes esos que hubieran sido imposibles de perpetrar si nuestros conciudadanos tuviesen por lo menos un mínimo de cultura científica. Y en tercer lugar, seguimos teniendo miedos reverenciales, paralizantes, a las crisis económicas, a las computadoras, a los videojuegos, a los celulares, a los hornos de microondas, creyendo de ellos todas las representaciones mágicas catastrofistas que tienen su máxima expresión en las profecías del fin del mundo. Falta, pues, una sólida cultura científica que deberíamos adquirir en la escuela.

Es muy probable que los países que salgan mejor librados de la actual crisis económica sean los que han invertido más en el desarrollo de la investigación científica, en la tecnología y en educación. Y México no se ha distinguido por esas inversiones. Sin desarrollo científico nuestro país no tiene futuro.

Pero en la medida en que Cuauhtémoc Blanco, López Obrador, Pablo Montero o Ninel Conde sean las únicas imágenes con las cuales se identifique nuestra juventud, seguramente que algo no está funcionando bien, no solamente en las escuelas, sino en todas las capas de nuestra sociedad.

Y bueno, cerraremos con la exclamación de una persona que, al ver la noticia de la designación del Doctor Molina dijo: “¿Y eso a nosotros qué? Si el ya es norteamericano”… lo cual es muy grave, porque eso lo imposibilita para jugar en la selección.