El salvadoreño, según cuenta Eduardo Galeano en “Días y Noches de Amor y de Guerra”, hijo pródigo de la providencia, escapó dos veces de un fusilamiento.
La primera, porque en los últimos momentos de su encierro cayó el gobierno que lo condenara; y la segunda, cuando un terremoto cuarteara la pared de su
celda.
Salvedades
Prófugo de torturadores poco eficaces, de futbolistas resentidos que le apedrearon la cara, o de maridos agraviados, el autor de “Taberna y Otros Lugares” no pudo huir de sus propios compañeros militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo, quienes lo ejecutaron bajo la acusación de ser “muy moderado, “revisionista”, “vendido al imperialismo” y “al servicio de la CIA”. Y aunque siempre hubo un componente de alegría y antisolemnidad en su obra, prófugo también de la grandilocuencia de la poesía latinoamericana, el viajero incansable no se salvó de la mitificación, de su inclusión postmortem en el santoral de la izquierda. Triste destino de un hombre que buscó siempre una individualidad rabiosa: a Roque Dalton lo condenaron dos veces sus compañeros. En vida, los guerrilleros. En la muerte, los poetas.
El turno del ofendido
La leyenda de Roque Dalton –poeta y guerrillero- no ha dejado ver cabalmente la totalidad de su obra. Por ejemplo, sus más de 4 mil páginas escritas sólo en el género poético. La tragedia de su militancia, la picaresca de sus anécdotas y su historial político empañaron de ideología el cristal de sus palabras. Esos escritores que lo condenaron al panteón de la izquierda militante, antepusieron siempre su compromiso político al gran oficio del poeta que abjuró siempre de clasificaciones y banderas.
Malentendido en la vida y en la muerte, sus empalagosos admiradores lo situaron como un escritor coloquial y autoreferencial, cuando el salvadoreño nunca se planteó como un catequista de la doctrina comunista. Sólo un poeta, una garganta construida de viajes y deslumbramientos, de amores y terremotos, un hombre lúdico y multicultural.
El destino final
Según el comunicado del ERP, Dalton fue ejecutado el 10 de mayo de 1975. Según Paco Taibo II, en su novela “Cuatro Manos”, la muerte del poeta fue un operativo planificado desde la CIA para dividir y golpear a la izquierda latinoamericana. Su cuerpo nunca apareció. Entonces surgió el mito: unos lo hicieron perdido en Europa del Este, prendado de una rubia “más bella que una fábrica checoslovaca”. Otros, lo vieron bajo la llovizna eterna de las junglas asiáticas, peleando junto al Vietcong. Yo quiero pensar, que al igual que Miguel Hernández, el salvadoreño y el español, en la enorme hondura de su poesía trocaron a la guerra, la miseria y la muerte apenas en un paisaje anecdótico, una circunstancia secundaria, un ruido de fondo para su portentoso canto.
Bardo de las bardas
”Yo sería un gran muerto.
Mis vicios entonces lucirían como joyas antiguascon esos deliciosos colores del veneno.
Habría flores de todos los aromas en mi tumba e imitarían los adolescentes mis gestos de júbilo,
mis ocultas palabras de congoja.
“Tal vez alguien diría que fui leal y fui bueno. Pero solamente tú recordarías mi manera de mirar a los ojos.”
Roque Dalton
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