Islas para naufragar
¿Tienen algo en común la actual música electrónica y las antiguas aventuras de un ballenero en los Mares del Sur? Veamos...
Sabiendo que nunca podría ir a la universidad, el autor de “Billy Bud” se embarcó a los 19 años, decisión que lo alejaría durante mucho tiempo de tierra firme y lo acercó a la desmesura de esa forma de vida. En 1841, dejó para siempre el ballenero donde había navegado durante más de un año y medio para irse a vivir entre caníbales. De ahí escapó en un barco mercante para alcanzar las costas paradisíacas de Tahití, donde estuvo preso antes de poder regresar a América, tres años después.
Derivas de tierra firme
Para el precoz marinero no fue el agua sino el fuego el elemento que le ofreció su primer naufragio: luego de un puñado de libros sobre sus aventuras en el mar que le redituaron un regular éxito económico y un fugaz reconocimiento como autor, un incendio en los talleres de su editor lo alejó de nuevo de la literatura, llevándole a desempeñarse como un modesto empleado en la aduana de Nueva York.
Contrario a lo que se piensa ahora, su obra cumbre, “Moby Dick” —dedicada a su amigo y mentor Nathaniel Hawthorne, autor de “La Letra Escarlata”— fue un estrepitoso fracaso comercial.
Nadie supo o quiso ver que detrás de aquel capitán empecinado en pos de un animal monstruoso se encerraba una exploración de las profundidades de la maldad tan inabarcable como incomprensible, una historia que usaba como telón de fondo el mar para reflexionar acerca de la inutilidad de la venganza y los extraños resortes de la locura.
Al país donde los sabios se retiran.
Su obstinación de proseguir en las reflexiones en torno a los temas metafísicos y la soledad absorbieron sus preocupaciones literarias, apartándolo aún más de un público ávido de sencillas novelas de aventuras. Al igual que su personaje Bartleby, Melville fue disolviéndose poco a poco entre el feroz rumor de la ciudad, el anonimato y el silencio. El entierro de quien ahora se considera un autor fundamental de las letras americanas, en 1891, pasó desapercibido.
Exceptuando su bíblica saga sobre la gran ballena blanca, el resto de su obra permaneció sumida en el olvido hasta entrada la segunda mitad del siglo 20.
Hoy, más de un siglo después de su muerte, su bisnieto, un ex dj neoyorquino dedicado a la música, centrado en las fusiones y posibilidades de los sonidos sintéticos —como un ballenero a través de un inabarcable mar sonoro— triunfa en la industria llamándose a sí mismo Moby, a manera de homenaje a su malhadado abuelo.
Bardo de las bardas
“Existen algunos momentos y ocasiones extrañas en este complejo y difícil asunto que llamamos vida, en que el hombre toma el universo entero por una broma pesada, aunque no pueda ver en ella gracia alguna y esté totalmente persuadido de que la broma corre a expensas suya”.
Hermann Melville
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