En México seguimos acumulando récords, pero lamentablemente en el ámbito de la inseguridad. Estamos compitiendo seriamente para convertirnos en uno de los países con más violencia del planeta.

Los titulares de esta semana relacionados con la inseguridad en noticiarios y en medios escritos fueron increíbles. En 2008 ya se cuentan más de 5 mil ejecuciones relacionadas al crimen organizado. Otro titular decía que en los últimos 42 días en México, un asesinato se estaba llevando a cabo en promedio cada hora y que de las últimas mil 31 víctimas, 90 eran mandos y policías de varias corporaciones (EL UNIVERSAL, 3/XII/08).

El presidente Felipe Calderón, al clausurar la Reunión Anual de Industriales 2008, nos recordó de otros récords: México ha llevado a cabo el mayor decomiso de dinero en el mundo con 204 millones de dólares; el operativo en el que más armas se decomisaron a un grupo criminal: más de 500 armas, varias decenas de granadas, lanzamisiles, más de medio millón de cartuchos; y la interceptación del mayor cargamento de cocaína: 24 toneladas en Manzanillo, Colima. Y aunque estos ejemplos demuestran la voluntad del gobierno de perseguir a los grupos criminales, también nos recuerdan la magnitud del problema. Esta voluntad política se opaca cuando sigue aumentando el número de funcionarios de alto nivel investigados y arrestados por sus vínculos con los sujetos que tienen la responsabilidad de combatir.

Yo creo que es importante recordar lo siguiente: los narcotraficantes mexicanos son de los más peligrosos del mundo y serían un reto para cualquier gobernante de cualquier país; no obstante, este factor no explica por qué México sigue siendo el rey en secuestros. Somos el número uno en el mundo. Además, tenemos el deshonor de ser uno de los países donde hay más probabilidades de que se use violencia extrema para llevar a cabo un asalto. Y ni hablar de la violencia contra la mujer, ya que las diferentes cifras señalan casi la mitad de las mexicanas en su vida serán víctimas de algún tipo de violencia. Otro indicador preocupante es que México es uno de los países más peligrosos para ejercer la profesión de periodista.

Sí, parecería que México se está volviendo uno de los países más violentos del planeta. ¿En qué momento alguien va a asumir la responsabilidad de esta violencia que se vive en el país? Aunque el actual gobierno puede apuntar que el problema viene de la inactividad de las anteriores administraciones, pronto tendrán que asumir la responsabilidad que les corresponde por gobernar en este momento que se vive tanta violencia.

¿Serán las elecciones intermedias el momento en que los ciudadanos empezarán a cobrar facturas a Calderón a través de los candidatos panistas? ¿Cobrarán los ciudadanos estas facturas a los gobernadores o a los presidentes municipales por su parte en el problema? ¿O llegará un momento en que el Presidente simple y llanamente se canse de ser el portavoz de una estrategia que empezará a recibir aún más críticas al pasar los días y seguirse incrementando las bajas alrededor del país?

¿Cuándo habrá un golpe de timón en el ámbito de seguridad pública? Es difícil de decir. En otros países cualquier escalamiento de la violencia hubiera sido suficiente para presionar la renuncia de funcionarios. Veamos lo que sucedió en India a la luz de los atentados de Bombay la semana pasada. Su ministro del Interior, Shivraj Patil, renunció inmediatamente por las críticas surgidas después de los ataques terroristas en los que murieron más de 170 personas en un espacio de varios días (lo que duró el ataque de los terroristas pertenecientes a Lashkar-e-Taiba, Ejército de los Puros, grupo musulmán aliado de Al-Qaeda). Además, el gobernador de Maharashtra, estado donde sucedieron los hechos, también ha ofrecido su renuncia por su responsabilidad política en los hechos.

Si sigue muriendo violentamente un mexicano cada hora, como sucede hoy en día, la gran pregunta sería: ¿cuál de los miembros del gabinete será el que asumirá la responsabilidad de una estrategia que cada día está siendo más y más cuestionada?

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Analista política
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