En pésimo momento le llegó al secretario de Comunicaciones, Juan Molinar, el reporte de la Comisión Investigadora de la Suprema Corte sobre la tragedia ABC de Hermosillo, donde lo señalan como el funcionario federal de mayor rango –cuando era director del IMSS–, que violó garantías individuales. Molinar se pensaba en la antesala del cargo de secretario de Gobernación, un puesto para el cual venía trabajando afanosamente, construyendo una base de respaldo político en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en detrimento de la propia dependencia.
Molinar ha tenido un serio revés para sus aspiraciones políticas. No lo esperaba hace unos días, cuando tras la crisis dentro del PAN por la renuncia del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, y la embestida que le lanzaron en Los Pinos y el gabinete, se apuntó para relevarlo. Desde sus oficinas salió la especie de que estaba empacando para irse a Bucareli, y se dejó retratar en compañía del líder nacional del partido César Nava y del senador priísta Mario López Valdés, cuando estaban negociando una posible candidatura al Gobierno de Sinaloa. Recientemente concedió una entrevista donde dijo que el cargo de secretario de Comunicaciones era eminentemente político.
Esa Secretaría le queda chica, como también le quedaba chico el Seguro Social. Pero fue el papel que le tocó jugar durante la primera parte del gobierno de Felipe Calderón, de cuyo cuarto de guerra durante la campaña presidencial formó parte activa. Aguardó su tiempo. Su llegada a Comunicaciones fue como un banderazo de salida, y se puso a construir una base de apoyo electoral. Comenzó a cambiar cuadros técnicos en la Secretaría por panistas, sin importarle que los funcionarios entrantes no tuvieran idea del nuevo trabajo que se les estaba encomendando.
Molinar entiende del tema. Como académico estudió y escribió detalladamente sobre las bondades políticas que generó el Programa Solidaridad en el gobierno de Carlos Salinas, que rompió con los viejos pilares que habían sostenido al régimen –clientelismo y corporativismo– para reemplazarlos por un sistema que eliminaba los intermediarios. A través del programa, Salinas construyó 150 mil núcleos de control político en el país, manejados por los delegados de la Secretaría de Desarrollo Social, quienes controlaban los recursos y los distribuían directamente, haciendo a un lado a los gobernadores y al partido.
Sin entrar en un modelo similar, que le toca operar y administrar a Sedesol, Molinar siguió por la misma ruta. Entre sus primeras acciones en ese sentido está el cambio de un alto número de ingenieros que eran responsables en áreas de infraestructura. Los cambios provocaron inquietud en el sector, y el pasado 2 de febrero el Colegio de Ingenieros Civiles de México le envió una carta solicitándole una cita para exponer lo que estaba sucediendo en el país. El párrafo clave en la carta que envió el presidente del Colegio, ingeniero Luis Zárate, dice:
“Hemos recibido comentarios de nuestros agremiados en referencia a que dentro de la SCT se están realizando cambios dentro de las áreas técnicas y los centros SCT –que son las unidades de enlace a nivel nacional a cargo de la infraestructura carretera, aeroportuaria y de comunicaciones–, afectando con esto a ingenieros civiles mexicanos al ser sustituidos por profesionales de otras carreras, que por razón natural carecen del conocimiento técnico y la experiencia que se requiere para desempeñar adecuadamente sus funciones”.
Molinar ha hecho caso omiso a los llamados para una revisión sobre los nuevos responsables de áreas, por lo que ni siquiera se ha llegado al punto donde se podría dar una rectificación de sus decisiones. No sólo externa, sino internamente, el actuar de Molinar está causando estragos en el equipo de la Secretaría.
La lógica del secretario no atraviesa por quién es la mejor persona para el cargo, sino se sustenta en la consolidación de clientelas o favores políticos. Dentro del PAN hay politólogos que piensan que una de las razones por las cuales el PRI no ha podido ser aniquilado es porque los cimientos del régimen no fueron demolidos en el gobierno de Vicente Fox.
Desde el gobierno foxista se comenzó a cambiar delegados de dependencias, pero la lógica central que se siguió en ese entonces, impulsada por la señora Marta Sahagún, estaba más vinculada a los negocios que a la política, por lo que las áreas de mayor relevo de cuadros fue en Aduanas. Siguiendo el modelo salinista, la entonces secretaria de Desarrollo Social, Josefina Vázquez Mota, hizo los cambios de delegados de la dependencia para que operaran los programas contra la pobreza, lo que ha continuado en este sexenio.
Con el reporte de la Comisión Investigadora de la Suprema Corte, que lo colocó en un patíbulo político, la carrera de Molinar se vio truncada de forma inesperada. No impedirá que siga construyendo su régimen panista, pero lo deja más expuesto a la denuncia pública, aumenta su espacio de vulnerabilidad, y mengua sus aspiraciones inmediatas en la Secretaría de Gobernación.
.(JavaScript must be enabled to view this email address)
| Comparte ese artículo: |
|



