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Dalia Reyes
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06 Enero 2017 04:00:00
Motivos para enseñar
Los profesores tenemos la encomienda de la educación formal. Se trata de transmisión, dentro ya de una concepción pedagógica, no la transmisión formas de pensar. Los docentes –y todo comunicador- enviamos signos, no mensajes, no fabricamos códigos de envío con su clave de resolución, ni siquiera nombres, porque ya el nombrar encierra una concepción predeterminada del mundo en su amplio sentido. En resumen, así debería ser, sin embargo la dificultad estriba en entender qué es lo que vamos a transmitir.

En el último ciclo de estudios en las escuelas normales, una importante cantidad de estudiantes se dejan llevar por un tema recurrente a fin de conseguir el título de profesores: La motivación, como si esta fuese un objeto maleable que pudiéramos, frente a un grupo, ofrecerlo en venta al mejor postor; es en realidad una esencia individual estimulada por algo que todavía nos profesores no atinamos a saber, pues si lo supiéramos hace mucho que la apatía estuviera desterrada. En realidad, lo único que podemos transmitir los profesores es una intención de saber para ser mejor.

En la distinción del saber para ser podemos incluir los elementos que vierte Descartes acerca de las posibilidades de percepción de aquello que aprehendemos, así intervienen atributos claramente establecidos en nuestras ideas -dolor, honor-, sustancias de estos acordes con los convencionalismos -tiempo, lengua- y la acción consciente y volitiva en todo ello. Esto es lo que nos convertirá en individuos de razón, actuantes sobre lo sabido, que necesariamente es lo pensado.

Los parámetros sociales son elementos inalienables de la educación cuando se pretende provocar una acción intrínseca en los estudiantes a favor de su propia construcción como individuos. El bien y el mal, por ejemplo, se verá siempre en planos relativos siempre respecto de otra instancia, tal vez así se puede responder a la incógnita que acepta Spinoza al establecer “ignoramos cómo la voluntad humana sea procreada, a cada instante, por Dios, de suerte que siga siendo libre”, esto en referencia a la libertad humana condicionada por las normas de la religión.

Planteado como una posibilidad, se asume un campo abierto de construcción de un ser de decisión, de derivación circunstancial, derivado, epocal y de contexto.

Como fuere, aún como posibilidad, es nombrado ya y por lo tanto susceptible de ser completado en tanto se entiende el término, término correlacionado, movido por una fuerza natural y otra social -a veces tirantes-, pero necesario por lo tanto y, por ello mismo, definible y preparado para ser complementado por una realidad individual que deberá estimularse a que se dé.

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